El Castillete

Que vienen los comunistas

Quienes en un pasado no muy lejano llegaron incluso a pedir la ilegalización de IU, de repente se mostraban extraordinariamente consternados
por lo que el acuerdo podría suponer de caída en la irrelevancia de esta organización de izquierdas, presuntamente fagocitada por Podemos

31.05.2016 | 04:10
José Haro

Apenas Alberto Garzón y Pablo Iglesias habían consumido el quinto de cerveza(seguro que, para Rita Barberá, una cutrez ordinaria) con que celebraban el acuerdo de sus respectivas organizaciones, IU y Podemos, para concurrir unidas a las elecciones del 26J, toda la artillería de las fuerzas del Régimen, desde las cloacas pestilentes de Génova hasta la gomina anaranjada del Ibex35, pasando por las puertas giratorias de Ferraz, se descargó sobre la nueva coalición surgida del ´pacto de los botellines´ al grito de ¡que vienen los comunistas!

Efectivamente, PP, PSOE y Ciudadanos unificaron los discursos hasta su fusión en torno a un común denominador: la alianza Unidos Podemos representa una amenaza comunista y extremista para el país. Conectan de ese modo con el soporte ideológico fundamental del franquismo, a saber, la inoculación del temor en la población para que, frente a la ´amenaza roja´, busque refugio en la seguridad que le puede ofrecer, bien una dictadura fascista (antes), bien una democracia de muy escasa calidad (ahora).

El nerviosismo con que han formulado este planteamiento algunos medios les ha llevado a incurrir en el ridículo de afirmar, en una misma idea, una cosa y su contraria. Así, quienes en un pasado no muy lejano llegaron incluso a pedir la ilegalización de IU, de repente se mostraban extraordinariamente consternados por lo que el acuerdo podría suponer de caída en la irrelevancia de esta organización de izquierdas, presuntamente fagocitada por Podemos. Lo curioso es que simultaneaban esta interpretación con aquella otra que les conducía a asegurar que IU habría impregnado de su ´comunismo´ a Podemos. Es decir, una organización se extingue y, a la vez, gana para su causa ideológica a un socio mayor. Sorprendente forma de desaparecer.

Y es que la histeria anticomunista está plagada, como no podía ser de otra manera, de irracionalidad, que es a lo que se apela en relación a modular los pensamientos y emociones de la gente para evitar los cambios en política. Anticomunismo primario que en este país presenta una especificidad: su extensión a la mayor parte del espectro político.

Mientras en los países de nuestro entorno tan sólo la ultraderecha mantiene un discurso de estas características, aquí abarca desde el supuesto centro derecha hasta el presunto centro izquierda. Esta distorsión en lo que se refiere a la actitud de las fuerzas políticas se inscribe dentro de la anomalía general que presenta nuestro sistema de democracia restringida, que heredó del franquismo una cultura profundamente conservadora, de la que el anticomunismo visceral es uno de sus máximos exponentes.

Anticomunismo que para prender en la sociedad, no sólo siembra miedo como arriba he señalado, sino también ignorancia, procurando que el público desconozca tres cuestiones. La primera de ellas es el compromiso histórico del comunismo español con las libertades republicanas, frente a la pulsión liberticida de la derecha. La segunda es el propio programa histórico tanto del PCE como de IU, en el que se menciona la necesidad de extender la libertad a todos los ámbitos de la vida social y económica, combinando la democracia representativa con la participativa.

Y la tercera cuestión que se oculta es la propia realidad del acuerdo IU-Podemos, en el que el componente comunista es minoritario (tan sólo una parte de IU) y el programa resultante (los cincuenta puntos), en cualquier país de nuestro entorno, sería moderadamente socialdemócrata y ubicado en el centro izquierda. Lo que ocurre es que el régimen del 78 se ha ido tan a la derecha, tanto en lo tocante a las libertades como en lo referente a la justicia social, que cualquier propuesta de cambio democrático y de mejora de distribución de la renta aparece, a los ojos de las tres fuerzas que soportan dicho régimen, como expresión del radicalismo castrobolivariano.

La oligarquía y sus representantes políticos invocan el espantajo del comunismo para sembrar en la ciudadanía el miedo al cambio. Pero me da a mí que los que chapotean en esta ciénaga de corrupción y desigualdad engañan cada vez a menos gente.

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