Entre sus labores

El renacimiento de los años 20

24.05.2016 | 04:00
El renacimiento de los años 20

Este renacimiento al que me refiero tiene doble lectura; por un lado la hermosa iniciativa del Museo Gaya, de Murcia al situar un mural fotográfico recordando a los artistas y sus obras, de los años 20; la gran generación del aliento y la ruptura; por otra parte el grupo se vio beneficiado a principios del siglo XX de una corriente ineludible que les conducía a renacer en el arte conocido. Lástima que la dispersión de sus componentes no favoreciera con mayor intensidad las influencias deseadas para los años posteriores. Aquí y siempre donde tenga oportunidad de hacerlo, reivindicaré la memoria e importancia de aquellos que fueron los renovadores, en Murcia, de un sentido nuevo del esfuerzo, a veces, desde el desprecio, siempre desde sus irreprochables conductas como vanguardia artística de un nuevo horizonte. Bohemia que llevaba a la meritoria escasez, a la sufrida tolerancia de la incomprensión, al viaje definitivo del exilio por diversas razones. El mural fotográfico que nos recuerda a este grupo fundamental en la historia del arte en Murcia, está ubicado donde debe, en la puerta de la casa de Ramón Gaya, su museo. El pintor fue el benjamín de aquella ilustre floración generacional que mucho tuvo que ver también con la poesía y los poetas. Y en la Murcia actual, la desquiciada política de los otros museos oficiales no permite una reivindicación justa y generosa a unos nombres y a unos artistas insustituibles e imprescindibles en el recuerdo.

Las razones para un estudio profundo de aquella generación son bastantes y muy numerosas; baste considerar el olvido oficial en el que se encuentran; mucho se ha escrito pero insuficiente para componer la música de su valencia. Digamos del más joven que fue Gaya destacando sus dotes de pintor y de escritor. El más culto, quizá, el más interesado por el viaje necesario; lo que puede considerarse un lujo para la promoción. «Si la pintura de Garay se compadece admirablemente con la poesía de Jorge Guillén, a la de Gaya la veo acorde con la de Luis Cernuda. Fueron amigos todos ellos. Y hay una décima de Guillén al vaso del agua que está dedicada a Gaya y promovida por uno de sus abastractos bodegones, nos descubre Salvador Jiménez.

«No es mi sed, no son mis labios/ quienes se placen en esa/ frescura, ni con resabios/ de museos se embelesa/ mi visión de tal aplomo;/ líquido volumen como/ cristal que fuese aún más terso./ Vista y fe son a la vez/ quienes te ven, sencillez/ última del universo».

Y hay que ocuparse de Pedro Flores y de los escultores José Planes y Antonio Garrigós; y del pintor Victorio Nicolás, y del que pudo ser el más grande: Joaquín García 'Joaquin'. Todo está por hacer, por decir, o como quieran, por repetir una vez más.

Dejemos de lado la pereza desdeñosa como signo de nuestra identidad.

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