Estelas en la mar

¡Agua! ¡Agua va! (de nuevo)

18.05.2016 | 04:00
¡Agua! ¡Agua va! (de nuevo)

No falla. Nuevas elecciones y recrudecimiento de la guerra hídrica van de la mano. Alguna portada de periódico, declaraciones intempestivas aquí y allá son la antesala de los nuevos asaltos que se avecinan al grito de ¡Agua va! Unas veces son aguas mayores, pringosas y malolientes; otras, menores; pero igualmente sucias. En épocas pasadas, al menos, cuando era costumbre arrojar por las ventanas que daban a la calle orines y otras inmundicias, se avisaba al viandante del peligro para que pudiera guarecerse del chaparrón. Ahora, ni eso. Aquí sale uno a la calle una mañana de primavera y entre olores a azahar se ve de pronto empapado de meados porque alguien ha decidido ese día buscar algún voto a cuenta de una contienda que como el Guadiana aparece y desaparece, en función de intereses políticos y electorales.

El victimismo hídrico de ida y vuelta sigue siendo un buen granero de votos para quien sabe teatralizarlo. En Aragón y Castilla la Mancha sale bien parada la izquierda ´antitrasvasista´. En Murcia, la derecha favorable a los trasvases (aunque sólo sea de boquilla). Unos y otros se sienten cómodos en sus posturas preconcebidas. Allí, defendiendo el ´ecologismo´ y lo que dicen que es suyo. Aquí, el desarrollismo, la agricultura intensiva, el urbanismo especulativo o los campos del golf en medio de eriales.

En los últimos veinte años, las campañas publicitarias orquestadas a favor y en contra de los trasvases se han sucedido con el éxito electoral que ya conocemos. En la Región de Murcia fue la del ´Agua para todos´. Al otro lado del ´Puerto de la Mala Mujer´ y en las tierras del Ebro, la de ´Trasvase No´. De este lado, El PP, dueño de una región uniprovincial y abarcable, llenó de pancartas los balcones de los Ayuntamientos en que gobernaba, que eran casi todos, cubrió con este lema las fachadas de los edificios públicos de la Comunidad e inundó de publicidad los medios de comunicación. Manchegos y aragoneses no le fueron a la zaga, aunque la extensión y diversidad de sus respectivas comunidades atenuó algo la intensidad de la campaña.

Los trasvases han puesto y quitado Gobiernos regionales, como dioses implacables. «El gigantesco proyecto que no pasó de ser una piedra», como calificó el Abc de Aragón al trasvase del Ebro, persiguió como una sombra a los populares en sus derrotas electorales, y fue una bendición para los populares murcianos que han mantenido su hegemonía en la región en los últimos veinte años. Un tanto de lo mismo ha ocurrido con el trasvase Tajo-Segura para el PSOE manchego. Pero mientras que la derecha aragonesa y manchega han aprendido la lección y ya se alinean abiertamente con sus rivales, aquí la izquierda murciana sólo se sube al tren del Tajo Segura pero deja el campo libre al PP y a Ciudadanos en la reivindicación de trasvases de otras cuencas (aunque siga siendo de boquilla).

No sé si es verdad que, como dice el diputado regional de Podemos Antonio Urbina, existe un consenso nacional dentro del partido de rechazo total al trasvase del Ebro y otros acueductos similares que se proyecten. Lo que sí me consta es que en la región no hay tal unanimidad, y mucho menos entre los votantes. Aceptar los trasvases actuales, como mal menor, pero negarse a ampliarlos o mejorarlos por subordinación, obediencia o miopía política condena a la izquierda murciana a seguir desempeñando en la política regional un papel residual. Ni lo entendieron los actores de la ´vieja política´ ni parecen entenderlo los de la nueva. Resignémonos, por lo tanto, a seguir teniendo aquí derecha para rato.

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