Tribuna

¿Volvemos a rehumanizar la empresa?

17.05.2016 | 04:00
¿Volvemos a rehumanizar la empresa?

Corren malos tiempos en muchas empresas en su relación con los trabajadores. Muchas de ellas los valoran más que como personas, como materias o cosas. Los fichan bien jóvenes, con salarios inconcebibles para una vida normal. Esto, para probarlos cómo son, no está del todo mal. Hay que demostrar que se tienen las cualidades precisas para el trabajo. Lo malo sucede con los trabajadores que llevan ya tiempo en la empresa, y que han demostrado, largamente, su valía.

Raro es el día que no conocemos algún caso de despido de personal que, por lo general, ha cumplido ya los cincuenta o más, que lo ha dado todo por la empresa, que la ha sentido suya, pero que en números de costes laborales, les resultan más caros que si son sustituidos por nuevo personal, más joven y de costes laborales bajos.

El caso es de una bajeza moral inenarrable, que no se debiera consentir que pudiera llegar a ocurrir. Es inconcebible que personas para las cuales su empresa lo es todo en la vida, puedan ser puestas en una balanza de costes y expulsados a la calle, sin más, de la noche a la mañana.

Son personas que, a la edad que han quedado en la calle, les es muy difícil encontrar un nuevo trabajo. Es el peor castigo laboral y moral que les puede caer en su vida. Para ellos y para sus familiares.

Se puede llegar a entender que una empresa pueda tener problemas económicos. Y que, a resultas de tal situación, deba de rebajar sus costes. De acuerdo. Pero nunca, jamás, a costa del despido de los buenos y antiguos trabajadores, solo por el hecho de su mayor coste salarial.

Repasen en los últimos años, cada uno de ustedes a cuántas personas conocen que les ha pasado lo mismo que les acabo de contar. Son demasiados. Cada uno de ellos es un drama. Cuando te hacen partícipe de su situación, dejas de creer en bastantes cosas de la libre economía, entendida cómo algunos empresarios la entienden.

Hace tiempo que muchos directores de empresas no conocen a sus trabajadores, no saben cómo se llaman, qué intereses tienen, cuánto tiempo trabajan, no se preocupan de sus problemas... Parece que solo les interesa saber cuál es su coste.

Algunos de las nuevas escuelas se preguntarán para qué sirven las cuestiones del párrafo anterior. La respuesta es muy simple: Para generar sentimiento colectivo de empresa. Y ¿eso qué es? Si no lo entienden, no comprenderán tampoco lo que es una buena o excelente empresa.

Esto se agrava cuando desde la sede central, ateridos por un descenso del valor de la acción en Bolsa, recurren al típico método de efectuar una disminución de plantilla, que suele ser siempre una panacea, aunque sea durante poco tiempo, para elevar de nuevo el valor de la acción.

Creo que hay que educar en la sociedad en la que vivimos, a muchos sectores de la misma. Pero hoy nos toca hablar de los empresarios sin escrúpulos sociales: hay que pedirles que vuelvan a educarse moralmente, porque se trata de una cuestión moral. Si no se entiende así, será difícil que este tema se arregle.

Aparte, dejo la pérdida de la enorme experiencia adquirida, durante tantos años por estas personas, que se ve diluida para la empresa y para la sociedad, como un azucarillo en un vaso de agua.

Hay que rehumanizar la empresa, a sus directivos y a sus trabajadores. O sea, armarnos de valores morales, que los estamos perdiendo.

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