Desde la Torre Amores

Sentirnos vivos

09.05.2016 | 04:00
Sentirnos vivos

No es fácil discernir el futuro. Si lo fuera, todos andaríamos por los mismos lares, y seguramente con posiciones y desde ópticas equívocas. En la diferencia está el gusto. Además, lo mejor es que el camino esté por escribir. Y en ésas estamos, o debemos; esto es, en redactar las más diestras vocaciones, los más hermosos contextos, las reflexiones más cristalinas y edificantes, con contrastes, pluralidad y óptimos propósitos. Así se construye una sociedad que quiera aguantar las cíclicas mudanzas, inevitables por otro lado.

Es un trabajo arduo el que fomentamos desde la afición que nos mueve, el entendimiento: éste nos regala siempre gozo y tranquilidad, pues los resultados se complementan con las excelencias de unos colaboradores inmensos en este menester, que los hay por doquier. Conviene que reseñemos que, aunque hagan poco ruido a veces, damos constantemente con personas excelentes. Lo son en los aspectos humanos y por sus capacidades, que nos demuestran con sus comportamientos diarios.

Como consejo procuremos innovar dentro de lo que es una estructura más que incardinada en los corazones y en las mentes de quienes pueblan nuestras sociedades. Siendo como es relevante la cantidad, lo es más la calidad y la calidez con que compartimos sueños, anhelos y meditaciones en torno a una tarea cotidiana: nos referimos a sacar adelante proyectos y a afrontar necesidades en todos los territorios, esencialmente en la esfera educativa y, asimismo, en la sanidad, que tienen el mérito de ser espacios colectivos, donde el todo es más que la suma de las partes, como suele resaltar una querida amiga en ciernes.

En este universo global, en paralelo nos hace muy felices saber de muchos amigos allende nuestras fronteras. Animan nuestras existencias, incrementando una familia que no para de crecer en lo físico, en número, y, fundamentalmente, en lo espiritual. En la diversidad, insistimos, hemos hallado el punto que todo lo justifica, que se resume en vivir en paz.

Declaramos, por ende, nuestra devoción por esta dimensión que nos envuelve, que nos brinda conocimiento y nos ubica en la relatividad, que tanto nos glosa. Nos subimos al carro de la memoria que nos hace leales desde la firmeza de aprender de la experiencia, que es una guía que hemos de analizar con flexibilidad y sin agobios. Abracemos los fines más entrañables y aportemos nuestro granito de arena para abonar el destino más solidario.

La labor que todos desempeñamos, los que contamos lo que sucede en este universo en crisis, se ha convertido en algo impagable. Nos sentimos profundamente en deuda con los que estáis ahí, con nuestros convecinos y convecinas. Hemos sabido desde el principio que cada iniciativa loable funciona gracias a vuestra intercesión e intervención. Por eso hemos tenido agallas para solventar cualquier obstáculo. Hemos quitado los árboles que impedían ver el bosque, y éste se presenta en un oasis fértil y dinámico. No nos quedemos con lo nimio: veamos la realidad de las mayorías que cumplen sin hacer un dañino ruido.

Las hondas raíces de este ecosistema que es el ´Planeta Azul´ llamado Tierra beben de la ternura, la amistad y la formación que compartimos. Nos encanta defender el valor de las palabras, porque, en ellas, como dice el Evangelio, nos experimentamos vivos. En consecuencia, avancemos sin prisa pero sin pausa. En eso consiste el viaje. Siempre.

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