Lo veo así

La utilización de la historia

04.05.2016 | 04:00
La utilización de la historia

Días pasados, al ser investido doctor honoris causa por la Universidad de Murcia (UMU), el catedrático de Didáctica de las Ciencias Sociales de la Universidad de Barcelona, Joaquín Prats Cuevas, criticaba el uso político de la Historia por parte de los gobernantes diciendo, entre otras cosas, que con frecuencia se usa la historia «para la consolidación o el refuerzo de los sentimientos patrióticos, lo que es algo muy común en los países latinoamericanos». Bueno, no solo en los países sudamericanos, añadimos nosotros, porque Cataluña, donde él vive, donde imparte su extenso magisterio, sabe mucho de la utilización de la historia para el reforzamiento de los sentimientos patrióticos.

No me he leído íntegramente la intervención del señor Prats en la UMU, pero en el texto que conozco quizás note a faltar un poco de valentía al no enfocar el tema catalán, porque aunque yo comprendo que no debe de ser fácil manifestarse en ese asunto, viviendo allí, no es menos cierto que los ciudadanos siempre esperamos de personalidades como él manifestaciones de más calado. Ellos son un referente para el resto de los ciudadanos y quedarse en la epidermis de los problemas, no profundizando en ellos, nos deja un poco confusos con el papel que deben jugar los intelectuales en el mundo. Que ahora se remonte a los países latinoamericanos para hablar de manipulación histórica es un tanto desconcertante porque él vive muy de cerca la manipulación grosera que, de la Historia, se hace todos los días en Cataluña, en todos los medios de comunicación públicos, en todos los foros, en todos los ambientes de esa tierra.

Y no, no hay que vivir allí, basta con una visita para percibir todo lo que digo. Verán, fui a Barcelona coincidiendo con la festividad de San Jordi, ya saben, el libro, la flor, las Ramblas a tope, el paseo de Gracia pleno de vida. Pues bien, grupos de turistas seguían disciplinadamente a guías de la ciudad. Nada de extraño, todos hemos sido alguna vez esa turista que sigue fielmente al guía que nos ha de descubrir las más insospechadas historias, pero lo que llamaba la atención era el contenido del discurso de los guías. Invariablemente contaban unas historias que dejaban con la boca abierta pero, el colmo del desnorte es que invariablemente, también, hacían alusión a que Cataluña, la nación de Cataluña, tiene delegaciones en el extranjero y oficinas de turismo en las mismas, donde, al parecer, cuentan con instrumentos para que puedan firmar por la independencia de esa nación oprimida que al parecer es Cataluña. Créanme que no salía de mi asombro. Un asombro mezclado con una gran dosis de incredulidad por lo que estaba percibiendo, así es que cuando el catedrático Prats Cuevas dice que «en ocasiones, los Gobiernos se esfuerzan en potenciar mitos y epopeyas históricas que parecen reforzar sus propias tesis sobre la concepción del Estado o las relaciones internacionales», quizás está pensando en su propio Gobierno autonómico, pero no se atreve a decirlo, incluso se permite en uno de los párrafos de su parlamento intentar justificar esto al asegurar: «Esta manipulación, probablemente no mal intencionada en muchos casos, se produce a través del fomento de centenarios, celebraciones y otros eventos». Como, por ejemplo, el día de San Jordi, añado.

He pensado mucho escribir este artículo porque, ya saben, ahora parece que el independentismo es progresista cuando a lo largo de la Historia ha sido lo reaccionario, y seguro que alguien ya me está calificando como tal, pero si dejamos de hablar de esto corremos el riesgo de despertar cuando ya sea irreversible. Y porque, aunque Prats apuntara al final de su intervención que «estamos comprometidos por demostrar que la Historia puede alcanzar niveles de objetividad y verdad», yo no estoy tan segura de que muchos historiadores estén por la labor de luchar por esa objetividad y verdad.

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