La vida en un post-it

Moneo

22.04.2016 | 18:04
Paco López Mengual

Desde hace un tiempo, cada vez que escucho hablar de Rafael Moneo, flamante Premio Nacional de Arquitectura, me viene a la mente Pablo Picasso. En una ocasión, una aristócrata europea le encargó un retrato a Picasso. Tras varios días posando para él, finalmente el artista le mostró el cuadro a la señora. Al verlo, su rostro se llenó de indignación. En el lugar donde debía ir la nariz, había una oreja; en el de la oreja, la boca; y en la frente, una teta. «¡No se me parece!», le gritó indignada. «Tranquila „intentó calmarla Picasso„, ya se le irá pareciendo». Me gusta la respuesta del pintor, porque es tan conceptual como el propio cuadro. Y quizás por ello, me gustó la respuesta del arquitecto Rafael Moneo cuando alguien le recriminó que el controvertido edificio que había levantado en la plaza Belluga de Murcia no pegaba con la Catedral. «¡Ya irá pegando!», vaticinó. Y es cierto, hoy no entendemos esa plaza sin el Edificio Moneo.

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