Desde la Torre Amores

Porvenir

11.04.2016 | 04:00
Juan Tomás Frutos

La historia personal y colectiva está caracterizada por capítulos o escenas que nos colocan en un determinado sitio o que nos encarrilan por veredas que, a su vez, influyen en lo que conseguimos, poseemos, aprendemos y/o somos. Por eso es aconsejable que, periódicamente, dediquemos unos minutos, o hasta algunas horas, a reflexionar sobre lo que realizamos con y en nuestras existencias. El perfil que detectemos contribuirá a que emprendamos medidas para mejorar.

En este sentido expongamos que, de vez en cuando, percibimos o nos ocurre algo que provoca toda una secuencia vital a través de una elucubración por la que transcurre una época dorada. Divisamos los años en un instante fugaz. Es verdad que creo que no hay mejor tiempo que el presente, pero en estas ocasiones a las que aludo se produce una cierta nostalgia que impacta y genera sentimientos agridulces, aunque, a la postre, ilusionantes. La Naturaleza humana es tan ´sabia´ que lo normal es que permanezca el balance más positivo, lo cual ayuda a la interpretación aquí descollada.

Sea como fuere, contemplemos, por favor, que el análisis es más sencillo de lo que de manera cotidiana solemos glosar. No olvidemos que hay menos problemas importantes de los que referimos con asiduidad. Las complejidades, sin dejar de lado los aspectos objetivos que nos golpean recurrentemente, se basan en perspectivas variables y no definitivas, a pesar de que puedan ser determinantes.

Hay coyunturas, hechos, acontecimientos, que nos llaman la atención, puede que efímeramente, es posible que por un tiempo, y que nos señalan de un modo fehaciente que los itinerarios son más reiterados y relativos de lo que meditamos a diario. La calma ambiental es una garantía de justicia y de equidad en las apreciaciones. Ésa puede ser una de las conclusiones que obtenemos de las estampas referidas.

Todo sucede por algo. No se trata de creer en lo inevitable del destino, sino más bien en la conveniencia de sacar partido a lo que experimentamos. La frontera entre lo escrito y lo no escrito no es fácil de descifrar. Nuestro coraje, seguramente, puede decantar los resultados hacia el margen en el que nos hallemos más confiados en nosotros mismos. La fe mueve montañas, y sueños€ que podemos hacer realidad.  Lo comprobamos cada vez que palpamos aquello que nos regaló alegrías y que en la actualidad nos gesta humanamente. A lo mejor no comenzó como ansiábamos, pero lo que importa es el resultado.

El universo está lleno de enigmas, de opciones de cara al corto, medio y largo plazo. Las sendas elegidas perfilan los resultados, los resúmenes, lo que conseguimos. Nada acontece totalmente por azar. Lo que acogemos, así como lo que perdemos y omitimos, es consecuencia de criterios, de actitudes y de posiciones ante lo que se nos presenta o frente a aquello que generamos directa o indirectamente.

De nuevo, y como defensa de un comportamiento espiritual, en este flamante amanecer, en este extraordinario día por desmenuzar, vemos una resplandeciente divisa, como la oteamos ayer. Sabemos, porque ésa es la óptica, que algo bueno está por ocurrir: en esta jornada lo será porque hemos decidido ser dueños de nuestro porvenir desde una vigencia excepcional. La voluntad, que resaltaba Unamuno, es fundamental.

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