Pensando en voz alta

Motivaciones yihadistas

11.04.2016 | 04:00
Francisco Marín

Cada vez que se produce un atentado con inmolación del autor me pregunto cuales son los motivos que les han llevado a hacerlo. Buscando respuestas, he recabado la opinión de expertos en la materia y de todo lo hablado resulta esta columna.

Las conductas y fenómenos de los que se inmolan tienen un motor en común establecido por los psicólogos, aunque en el caso de los yihadistas se muestra a través de la religión y en otros momentos históricos lo ha hecho a través de la ideología o de otras formas. Todo esto se encuentra enmarcado en las llamadas ´motivaciones humanas´, algo a lo que los servicios secretos también prestan mucha atención para «atraer a la colaboración, para reclutar». Esas motivaciones de cada uno es lo que hay que buscar para determinar cuales son sus más profundas necesidades y qué es lo que lo llevaría a actuar y hasta dónde. Pero el problema está en que las motivaciones humanas se pueden crear y que una persona las haga suyas para que actúe de una menera determinada.

Hace relativamente poco, durante la guerra fría, en los años 60, 70 y principio de los 80 del siglo pasado, las motivaciones ideológicas llevaban a miles de hombres en América Latina a enfrentarse a diferentes Gobiernos; esos hombres, si bien es cierto que no querían matar muriendo, fueron en muchos casos capaces de soportar grandes torturas sin delaciones.

Ahora, hablando de los terroristas yihadistas y cuáles son los recursos que se usan para que ejecuten esos actos tan atroces contra todos, y sobre todo, para que asuman morir al matar, hemos de tener en cuenta que quienes captan a esos jóvenes como candidatos a inmolarse, lo hacen aquí, en Occidente, y vemos que muchos de éstos han nacido o crecido en Europa. ¿A qué apelan los captadores en esos jóvenes que en muchas ocasiones no conocen la tierra de sus padres y abuelos y que no eran practicantes del Islam y otros han tenido una vida social desorganizada de delitos y drogas?

Entre otras cosas, a «la identidad utilizada como motivación». Tú eres un musulmán, durante siglos tu gente ha sido vejada por los infieles y cruzados, tú puedes y debes hacer algo y eso que puedes hacer está escrito, la yihad, la guerra santa. Todo lo que hagas es poco, dado el reconocimiento que obtendrás.

Al odio. Ellos merecen nuestro odio, no importan quienes sean ni donde se encuentran, sería un gran honor morir llevándotelos por delante como está escrito.

Al orgullo. Quieres orgullo y honor, mira a tu religión. Debes de estar orgulloso de quien eres, debes defenderla, volver a tus raíces, compórtate como debe ser y actuar en consonancia. Pero no serás consecuente y no obtendrás el premio si no asumes las consecuencias.

A la recuperación. Tú, borracho, drogadicto y ladrón, menospreciado en Occidente, acaso no conoces la grandeza de tu pueblo, de tu tradición. Levanta la cabeza, demuestra a esa gente que te desprecia qué hay detrás de ti. Renuévate, puedes alcanzar la perfección, después entrega todo lo que se te ha dado.

Lo importante para todo reclutador es observar a sus candidatos y encontrar sus problemas, necesidades y lo que se puede motivar y ´abrirle´ un camino para que las ´satisfaga´. En este punto, otra cuestión: ¿qué podemos hacer en Occidente para enfrentarnos a eso e impedir que nuestra juventud sea arrastrada a lo que consideramos una barbaridad inexplicable?

El problema está en que, al parecer, hace ya no poco tiempo que Occidente tiene como fundamental motivación el dinero y el consumo y no están cultivando lo suficiente las espirituales; eso hace que a la juventud, siempre sedienta, se le pueda hacer llegar otro tipo de ´realización´, de sueños, de valores, etc. Y, sobre todo, no se ha invertido dinero gubernamental en combatir dichas razones; hasta ahora Occidente no ha reconocido que está perdiendo la guerra ideológica con la corriente yihadista, y los medios de comunicación y redes sociales, perfectamente manejadas por los yihadistas, se limitan a aprovecharse de las noticias y a explotar los hechos. Así nos va.

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