Estado de la Comunidad

La Región necesita con urgencia un cambio en la gobernanza

10.04.2016 | 04:00
Alfonso Martínez Baños

El Partido Popular, nos ocupa y preocupa hablando de los pequeños problemas para no tener que hablar de los grandes problemas de la Región de Murcia.

Nuestra Región tiene dos grandes problemas que urge resolver: el modelo productivo y la financiación de las cuentas públicas.
El modelo productivo que implantó el Partido Popular a partir del año 1995 ha fracasado. Es un modelo que ha demostrado tener los pies de barro, muy volátil y extremadamente sensible a las crisis económicas. En el año 2008, con los primeros vientos de la actual crisis, nuestro modelo de crecimiento se tambaleó creando serios problemas estructurales: una creciente desigualdad, elevado paro, abultada economía sumergida y descenso alarmante de los ingresos en las cuentas públicas.

Sólo hace falta mirar las estadísticas que analizan el crecimiento de las desigualdades para comprobar que en la Región de Murcia estamos a la cabeza de España (pobreza, precariedad laboral, salarios, pensiones, fracaso escolar, renta per cápita, etc.). La tasa de paro creció muy por encima de la media nacional, la economía sumergida representa más del 30% PIB y los ingresos de las arcas públicas (Comunidad y Ayuntamientos) han bajado de forma espectacular.

Dice el Gobierno regional que nos estamos recuperando a mayor ritmo que la mayoría de las Comunidades autónomas. Es posible, pero, porque caímos mucho más que el resto y, por tanto, aquí la recuperación arrastrada por el consumo interno y factores exógenos (incentivos del BCE y bajada de los precios del petróleo) se tiene que notar con más intensidad.

Analizando dos parámetros fundamentales para medir la eficacia de nuestro modelo productivo, como son la renta per cápita y la tasa de paro (según la EPA), comprobamos que nuestra renta per cápita según la UE está 23 puntos por debajo de la media europea y 17 puntos por debajo de la media española, solo dos comunidades autónomas tienen una renta per cápita inferior a la nuestra, Castilla-La Mancha y Andalucía. En cuanto a la tasa de paro, estamos 2,6 puntos por encima de la media nacional.

En el PSOE somos perfectamente conscientes de que el modelo productivo de nuestra Región no se cambia de la noche a la mañana, que hace falta un análisis profundo, una planificación, recursos y tiempo. Pero, ¿qué ha hecho el Gobierno regional desde 2008 para cambiar un modelo productivo que resulto fracasado? Nada o casi nada. Estamos en 2016, hemos perdido ocho años que habrían venido muy bien para sentar las bases de un nuevo modelo de crecimiento más sostenible. Y, lo peor de todo, el Ejecutivo autonómico del PP parece ignorar que aquel modelo no vale y parece persistir en recuperarlo.

Nuestro segundo problema es la deficiente financiación de las arcas públicas (de la Comunidad y de los Ayuntamientos) y, por tanto, de los servicios públicos. Un dato objetivo es que el Estado financia mal a la Región de Murcia. La falta de financiación el Gobierno regional la ha resuelto con recortes en los servicios públicos y con deuda, que tendremos que pagar entre todas las murcianas y murcianos. En el año 2008 la deuda era de 2.000 millones de euros y al cierre de 2015 ha superado los 7.600 millones de euros, el 27,5% del PIB.

El consejero de Hacienda reconoció en la Asamblea Regional que la sanidad y la educación (transferencias negociadas por Aznar y Valcárcel) nos generan un déficit anual del 10%. El gasto real sanitario es de unos 2.000 millones de euros y el educativo de unos 1.300 millones de euros, ambos suman 3.300 millones de euros. Por tanto, si hacemos caso al consejero, cada año tenemos un déficit en la financiación del Estado por la sanidad y la educación de 330 millones de euros. Además de otras mejoras en la financiación que habría que abordar con un nuevo sistema de la financiación autonómica y local. Lo sorprendente, sabiendo la gravedad de este problema, es que el Partido Popular de aquí no haya influido lo necesario para que el Gobierno de Rajoy modifique el sistema.

Por otra parte, según Gestha (el sindicato mayoritario de inspectores de Hacienda) el déficit de recaudación fiscal en nuestra Región por economía sumergida alcanza los mil millones de euros anuales. A pesar de este dato escalofriante, el Gobierno de Pedro Antonio no tiene ningún plan, nunca lo ha tenido, para luchar contra la economía sumergida. Si hubiese un plan en marcha que fuese capaz sólo de recuperar el 20%, los ingresos de las arcas públicas se incrementarían en unos doscientos millones de euros.

Si, además, tuviésemos un Gobierno autonómico competente para ir aumentando la tasa de actividad como consecuencia de un nuevo modelo productivo más sostenible y estable, los ingresos de la Comunidad irían creciendo progresivamente entre los quinientos y mil millones de euros, lo que permitiría tener un presupuesto para atender las necesidades reales de la gente y mejorar nuestra calidad de vida.

El Gobierno regional se encuentra entre los más incumplidores, con un déficit (más gasto que ingresos) en 2015 de más de 650 millones de euros. Ya veremos qué consecuencias tiene esto para los recién aprobados presupuestos regionales. Escuchando a Montoro se me pusieron los pelos como escarpias, porque mucho me temo que habrá nuevos recortes y que lo aprobado en la Asamblea Regional quedará en papel mojado. Nos dice el consejero de Hacienda que tiene un Plan, otro más, para controlar el déficit. ¿Cuántas veces hemos escuchado esto en los últimos años? Lamento no creerle, porque la palabra de los gobernantes del Partido Popular ya no tiene ninguna credibilidad, y porque no veo que se estén tomando las medidas necesarias para controlar el déficit.

Hay que poner en marcha medidas que el actual Ejecutivo no pone porque no quiere o porque no sabe. Las cuentas de la Comunidad no pueden seguir cuadrándose a cuenta de la deuda, ni nos van a permitir que sigamos incumpliendo año tras año los objetivos de déficit. El Partido Popular ha demostrado sobradamente su incapacidad para resolver los graves problemas de esta Región. Por tanto, lo razonable, lo sensato, sería provocar un impulso político a la gobernanza regional. Un impulso que debería llegar de la mano de un cambio apoyado en un acuerdo programático y respaldado por la mayoría de los partidos con representación parlamentaria.

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