La balanza inmóvil

Viernes Santo

25.03.2016 | 04:00
Joaquín Ángel de Domingo

Título muy poco original, ya lo sé, pero inigualable e insuperable, pues estarán de acuerdo conmigo que otro no puede concebirse para un día como hoy. Tengo la fortuna de escribir todos los años en este día tan importante, religioso o simplemente cultural, para la humanidad.

Año tras año, se conmemora la pasión, muerte y, lo que es más trascendente, la resurrección de Cristo. El pasado año coincidió, dicen los entendidos en teología y tradición católica, el Viernes Santo exactamente con el mismo día en que en realidad murió Jesucristo en la cruz. Que murió en un viernes es indiscutible, y parece que, conforme al calendario de la época, también coincidió con la primera luna llena de primavera. Da igual, porque tiene un significado muy especial el Viernes Santo, cuando los 'salzillos" recorren las calles de la Murcia antigua, llena de nombres de profesiones, y de fervorosos devotos de la religión, o al menos de las caras, expresiones. brazos etc., de los pasos que desfilan, portados a hombros del huertano sano de mente, de nuestra Región, con el buche lleno de monas, habas, caramelos, estampas? para reflejar no sólo el espíritu de sacrificio que supone sumar al peso del paso el cargamento de la barriga. Y todo ello por la exclusiva razón de su generosidad. Por eso, quien no entienda esta tradición es que no conoce al desprendido hombre y mujer de ciudad, de la huerta y del campo de nuestra tierra.

Un año más recuerdo que el proceso a Jesús estuvo plagado de irregularidades. Que el Derecho de Gentes salió huyendo por la ventana como cuando la política entra en el despacho de un juez, dado el miedo y el ansia de poder de ciertos denominados doctores de la ley, reyes o jueces temerosos del pueblo, pues como toda muchedumbre manipulada por el miedo y amparándose en la cobardía de la multitud, proclamaban la culpabilidad del Hijo de Dios, y querían verlo morir como un ladrón en la cruz. Sólo que les falló que realmente era el Salvador. Y tras 2000 años, hoy lo vemos azotado, insultado y humillado por las calles de todas las ciudades y pueblos, pero sólo porque Él quiso dar ejemplo de sufrimiento para después resucitar gloriosamente al tercer día, demostrando de esa manera el triunfo de la vida sobre la muerte.

Ese mismo Cristo que anoche era el Refugio de la humanidad a su paso en silencio por Murcia, hasta el Cristo triunfante en la Pascua de Resurrección del próximo domingo, pasando por el del dolor y muerte de hoy, Viernes Santo. A las tres de la tarde se rasgaron los velos del templo, el cielo tronó y se abrió para llorar la muerte de Jesús, junto a Dimas y a Gestas, el buen y el mal ladrón, según las escrituras. Por eso no me resisto a recordar una tradición que se sigue en Andalucía y que aprendí en mi etapa de juez en Utrera (Sevilla). Hoy, como cada Viernes Santo, a las tres de la tarde rezaré tres Credos, uno oculto en cada llaga de una y otra mano y otro para la de los pies . A lo largo del año se pueden aplicar a intenciones personales y diversas. Claro que los más puritanos dirán: siempre se esta pidiendo cosas a Dios cuando lo que hay que hacer es amarlo. Oiga, pues será verdad pero tampoco está de más pedir.

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