Pensando en voz alta

Un pito y una gorra

21.03.2016 | 04:00
Francisco Marín

Decía mi padre, hombre sabio, que si le das un pito y una gorra al más simple de los mortales se cree general con mando en plaza y con poder de decisión sobre los demás.

Algún maravilloso tesoro debe estar escondido en la piel de toro, España, o hay mucha falta de cariño para que más de uno y más de dos, todos simples, estén intentando hacerse con un pito y una gorra. No acaban de ponerse de acuerdo –para ver quien es el afortunado– y se están peleando entre si y, lo que es peor, este no se 'ajunta' con aquel, el otro no es amiguito del ciudadano de enfrente, y así hasta decir basta. Todos quieren, de una forma u otra, hacerse con ellos.

Lo quieren porque piensan que ellos y solo ellos serán capaces de poner orden en este ¿maremágnun? de sociedad que tenemos, ya que, según dicen, saben lo que la ciudadanía desea. No sé si se habrán parado a pensar que desde el pasado 20 de diciembre de 2015, y hasta el día de hoy, España sigue funcionando, seguimos madrugando, seguimos paseando, seguimos vivos, muchos pasamos de esta clase política que da mucha pena y?, al parecer, nadie echa de menos al señor del pito y la gorra.

Ándense con cuidado los 'salvapatrias' y los '¿muy preocupados por nuestro bienestar?' que como el personal, que es soberano y menos simple que ellos, se dé cuenta y tome buena nota de que seguimos funcionando, se van a quedar sin pito y sin gorra. Es mezquino y cansino el ver cada día como todos los partidos, sin excepción, por la mañana dicen blanco y por la noche, negro, habiendo pasado durante el día por toda la gama de grises. Cada uno se cree en posesión de la verdad absoluta y el Santo Grial. Se reúnen unos con otros, los otros con aquellos, reuniones a cuatro bandas y a cinco, todos con todos menos con aquel. Seguramente pensarán que la sociedad está pendiente de sus cuitas, ellos se creen que somos imbéciles y que caeremos rendidos ante su verborrea –por cierto, rima con diarrea–, cuando lo que están practicando es un simple postureo, van de rueda de prensa en rueda de prensa? y los días pasan y pasan y vuelven a pasar sin llegar a ningún puerto. Lógico, todos quieren lo mejor para España –eso dicen–; mi opinión es que quieren lo mejor para ellos. Trincar suculentos sueldos, trincar blindadas pensiones y si por el camino cae algo más? trincarlo también.

Es patético y penoso el levantarse cada jornada y creerse uno que está en el día de la marmota, día sí y día no tenemos las mismas simplezas porque simples son los actores de esta mala película. Si no fueran simples, todos habrían dado un paso adelante dejando atrás la mochila de yo llevo razón y tú no; y se habrían puesto en primera posición de firme tendiendo la mano a España.

Llega un momento en nuestras vidas que cada cual tiene que sacrificarse por los demás y reconocer que el de enfrente también, puede tener razón. Un país avanza si todos remamos al unísono y en la misma dirección –sin que nadie tenga ni pito ni gorra– porque nadie es más que nadie, nadie es imprescindible y todos somos necesarios, nadie está por debajo de nadie. La grandeza está en colaborar sin entorpecer, no creerse que eres el hijo de la 'polla roja' y no pensar que o tú o el caos.

El caos lo pueden originar aquellos simples que teniendo, en estos momentos, un pito y una gorra declaran personas no gratas de su ciudad a hijos de la misma; o expulsan de un recinto a militares que intentan darse a conocer a la juventud; o aquellos que siguen demandando dinero al Gobierno de turno al tiempo que miran para otro lado; o aquellos que opinan que el himno nacional es una cutre pachanga fachosa?

Si de vedad quieren lo mejor, miren hacia atrás y pregunten qué hicieron sus mayores en momentos más delicados que los actuales y tomen ejemplo. Pidieron y pelearon por la libertad, dejando a un lado el pito y la gorra, porque así se lo demandaban la historia y España.

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