El Mirador

Perspectiva

16.03.2016 | 04:00
Perspectiva

Nunca debemos perder la perspectiva. Y cada generación tiene la suya propia, que le es inherente? Por eso hay que juzgarla con y desde sus propios matices, aún asumiendo lo tremendamente difícil que eso es para los de la mía, por ejemplo? Y es que los de mi generación tendemos a fijarnos casi más en las formas que en los contenidos, y menos en los porqués de tales formas o modos. Y que no sean las adecuadas no quiere decir que no lleven razón en lo que quieren decir, aunque nos disguste, y a mí también, las maneras de protestar y de exponerlas.

Un caso muy ilustrativo de esto ha sido el de la portavoz del ayuntamiento de Madrid, Rita Maestre, 26 añicos, a la que se le ha juzgado por un delito contra los sentimientos religiosos, y se le ha condenado (?)? Hace cuatro años, antes de entrar en política, se metió con otros activistas en la capilla de la Complutense, con las tetas al aire, y llevando una pancarta del anterior papa con una esvástica pintada. De hecho, no se ha juzgado a Rita, sino a casi toda una generación, la suya. Dice, y no sin razón, que el pasado tiempo lo ve como un capítulo de su vida agotado y que la agota, pues intuye una voluntad política y clara encaminada a utilizar estos actos, a usarlos contra ellos, y a que no se olviden? Y es verdad. Estamos juzgando una tontería. Lo que de joven se ignora es que hasta de nuestras tonterías somos responsables. La ley de causa y efecto, que debería de enseñarse en los institutos y universidades. Y que no podemos evadirnos de las consecuencias de nuestros actos por muy idiotas que éstos sean.

Porque si de algo debería juzgarse es del mal gusto, de la zafiedad, de la peor educación, de la insolencia, del pésimo estilo, de arrogancia juvenil (esto jode un montón) de provocación estúpida, de ignorancia supina? Pero eso es mucho menos grave que lo que se intenta denunciar de un pontífice que tapó cuanto pudo los casos de pederastia y el lavado de dinero negro de las mafias a través de una banca vaticana, por poner tan sólo un par de ejemplos en que el nuevo papa ha metido lejía y estropajo. Lo que les pasa a estos jóvenes que nos irritan es que han llegado un poco tarde a la protesta y un poco pronto a la política. Y no tienen margen de maniobra. Entonces, los carcamales que ocupan los tronos por derecho adquirido a base de manipular las instituciones del Estado, de producir, ocultar y defender corrupciones internas, de utilizar el más descarado nepotismo y las puertas giratorias para robar y enriquecerse, van y ponen el grito en el cielo, y se rasgan sus manchadas vestiduras, porque no es que exista su pecado mortal, si no el venial de los jóvenes gilipollas que han perdido las maneras y se pintan solos para escandalizar a los bienpensantes y mejorsintientes ciudadanos. Y las viejas buenas maneras rezumantes de mierda e hipocresía acusan con su sucio dedo a las nuevas malas formas recién aterrizadas.

Lo que digo: cuestión de perspectiva. Porque, paradójicamente, estos jóvenes tan agresivamente revolucionarios son hijos de la acomodada clase media alta, que no han sufrido la más mínima carencia, sino que, al contrario, han disfrutado de lo que ninguno de sus antecesores tuvo. Que han nacido y crecido en un régimen de libertades, de protecciones sociales, e incluso disfrutan de un privilegiado puesto funcionarial conseguido por las oportunidades de su clase y casta. O sea, que no? Pero, sin embargo, utilizan un modelo artificial y artificioso, decimonónico, copiado de los antiguos daguerrotipos de la lucha de clases, de diseño, pose y posturaje de puñonalto. Un alucinado disfraz de algo que jamás han vivido ni sufrido ni conocido ni experimentado, y que pertenece a la historia de conquista de unos derechos que ellos ni siquiera se han molestado en agradecer a sus antecesores, pero que aún se permiten en alzarse en 'liberadores' de lo que ya nos liberamos nosotros.

Pero meten miedo, y desconciertan y atemorizan a mi generación porque desconocen lo que nosotros ya sabemos, y eso nos produce inguietud, desazón y desconfianza. Lo que pasa es que ellos lo saben, y no les importa, más bien al contrario. Es posible que sea una táctica provocadora, puede ser. Pero están creando una resistencia contraria a las simpatías que suscitaron en sus días, y es que no saben que, sutilmente, están siendo ocupados y utilizados precisamente por los que intentan combatir. Y que muy bien podemos convertirnos en casta luchando contra la casta. Una lección que aún tienen que aprender. Como un día nos ocurrió a todos.

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