Tribuna Libre

La encerrona

14.03.2016 | 04:00
Joaquín Contreras

La repetición de una consigna o un mensaje acaba consiguiendo que sea asumido como imprescindible, óptimo, insustituible. La sociedad murciana viene siendo bombardeada en los últimos dos años por mensajes procedentes de las tres Administraciones –pero no sólo de ellas– que presentan la llegada del AVE en superficie, transgrediendo lo acordado en el Convenio de 2006, como la única solución para la llegada de la alta velocidad ferroviaria, dando a entender que en esta llegada en superficie radica la modernización de un ferrocarril del siglo XIX y el progreso y la riqueza de la Región.

«Se puede engañar a todos poco tiempo, se puede engañar a algunos todo el tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo». Son palabras del presidente Kennedy, que José Ángel Cerón nos ha recordado recientemente y que me permito sacar a colación en la presente ocasión. Porque esto es lo que se está pretendiendo en Murcia: engañar a todo el mundo, todo el tiempo. La última ocasión, con la puesta en escena del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de un vídeo propagandístico, engañoso y vergonzante que trataba de ser vendido con la etiqueta imparcial de producto técnico´, cuando era evidentemente manipulador, tramposo y partidista. Saco a colación la palabras de un político murciano en la Asamblea Regional que aseguraba hace poco que el Ejecutivo estaba más preocupado por seguir utilizando a los colectivos con los que ha tejido ´una red clientelar´ durante veinte años para ´echárnoslos encima´€

El tiempo pondrá a cada cual en su sitio, pero el disparate se habrá consumado de manera irreversible después de una de las mayores campañas de manipulación social que hayamos vivido en los últimos años.

No nos engañemos: no existe razón alguna para que los Gobiernos de las últimas dos décadas hayan dejado perder lo que consiguieron los murcianos del siglo XIX: la línea ferroviaria Madrid-Murcia-Cartagena, tan sólo cuatro años más tarde (octubre de 1862) que la primera línea de larga distancia de España: Madrid-Alicante (mayo de 1858). La llegada del AVE desde Madrid, vía Alicante, supone una entrega absolutamente injustificada que surge en otro momento vergonzante para Murcia: el acuerdo de enero de 2001 entre el ministro Álvarez Cascos con Gallardón, Bono, Zaplana y Valcárcel, en nombre de Madrid, Castilla-La Mancha, Valencia y Murcia, en el que nuestro presidente se dejó engañar doblemente: en el recorrido (zigzagueando por Alicante y Castilla-La Mancha) y en la fecha de llegada (al mismo tiempo en todas ellas: 2010).

El pasado lunes comparecimos en esa presentación como meros invitados al acto. Pero nuestra presencia no debe ser entendida como partícipes de la tesis de Fomento, Comunidad y ayuntamiento de Murcia, con la que estamos en desacuerdo desde que fuera presentada en abril de 2012 por Rafael Catalá.

No lo esperábamos, pero ese acto ha sido otro escaparate más de exhibición de la tesis oficial de llegada en superficie del AVE a la estación del Carmen, con una obra ilegal, según el criterio de la Fiscalía y los Servicios Jurídicos del ayuntamiento de Murcia, que soslaya y esconde otras duras realidades. Ha sido una clara encerrona de un Colegio Profesional que, abandonando los intereses de sus colegiados, se ha puesto servilmente al servicio de un Gobierno y del partido que lo sustenta, el PP.

Sin embargo, si algo deja claro el vídeo de marras es que el AVE a Murcia llega en superficie. Con sus andenes, sus catenarias y la vieja estación que fuera inaugurada provisionalmente por Isabel II hace más de 150 años. Ahora lo tenemos claro, por mucho que lo repitan; no se trata de una primera fase. El soterramiento de la estación, la intermodalidad y la unión del Barrio del Carmen con Santiago el Mayor y San Pío X quedarán como un sueño que el PP hizo imposible. Potenciando infraestructuras foráneas, las alicantino-valencianas, y dejando en la estacada las posibilidades de vertebración de la Región que un ferrocarril moderno ofrecía y que ahora se esfuma siguiendo dócilmente las consignas del Gobierno central.

Mientras tanto, queda sin resolver:

el desvío del tránsito de mercancías por en medio de la ciudad, la amenaza de un Corredor Mediterráneo, potenciado por la creación de una Zona Logística (ZAL) en Nonduermas, con trenes kilométricos por delante de nuestras casas, la intermodalidad ferrocarril-transporte por carretera, la recuperación efectiva para viajeros de la línea ferroviaria Madrid-Murcia-Cartagena,el desarrollo urbanístico de nuestros barrios eliminando la barrera del ferrocarril en superficie, con un soterramiento integral de las vías, el crecimiento de la ciudad de Murcia hacia el Sur, condenada a que lo haga sólo hacia el Norte.

Todo ello para que el tren acabe convertido en un medio elitista, insostenible y al servicio de una minoría. Cuando la rapidez de que se alardea podría haberse conseguido potenciando la red ferroviaria regional con trenes de altas prestaciones, aunque no tengan el mítico nombre de AVE, con un recorrido bastante más corto y, por ende, más económico.

¿Por qué nuestros Gobiernos abandonan el interés general de los murcianos y se pliegan a extraños intereses corporativos y minoritarios? ¿Por qué ese empeño de engañar a todos todo el tiempo, con extraños compañeros de cama y con aparentes pero no creíbles ´vestidos de seda´?

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