Pensando en voz alta

Complejo ¿de qué?

07.03.2016 | 04:00
Complejo ¿de qué?

Ahora que tenemos la Semana Santa encima es el momento para hacer algunas consideraciones al respecto. Empezamos a escuchar que, en algún lugar de España, en algunos ayuntamientos, Madrid por ejemplo, a los regidores de turno les ha dado por cambiar el nombre a la susodicha semana: Semana de Festividades, quieren nombrarla? de la misma forma y manera que, en otras Barcelona llamaron a la Navidad la fiesta del solsticio de invierno. Un primer pensamiento acude a mi mente y lo convierto en pregunta: en general ¿la política vuelve tonta a la persona que entra en ella o la persona es tonta y entonces entra en política? Insisto? en general. Más bien, pienso que es un complejo ancestral que los españoles llevamos implícito en el ADN; alguno de los cromosomas que da lugar al españolito de a pié va dañado y nos añade ese plus de complejo.

¿A qué viene el cambiar el nombre de Semana Santa por el de Semana de Festividades? Menuda chorrrada. ¿Creen que cambiando los nombres van a cambiar el giro de los astros y van a cambiar costumbres y tradiciones centenarias en la mayoría de las ciudades y pueblos de España? Otros quieren insultar gravemente las creencias de la gran mayoría del pueblo español queriendo, en nada menos que la ciudad de Sevilla, procesionar 'el santísimo coño insumiso'; amén de quitar el nombre de calles a personajes religiosos y promover un callejero laico y aconfesional. No sé qué comen estas personas que están llegando a la política, pero o tienen un complejo, ya reseñado, o de pequeños se dieron un golpe en la cabeza y ahora les están brotando las consecuencias. ¿Piensan éstos (que cada cual los califique) que unos cientos de ellos van a cambiar el hacer y el sentir de millones de españoles que mayoritariamente son católicos? Y les digo, que los que lo son menos o no son católicos, en esos días, se transforman y hacen suyas estas fiestas.

Otra cuestión que no entiendo tampoco los que me conocen saben que yo entiendo pocas cosas es la manía de que las Corporaciones municipales no participen en cuestiones puntuales de la Semana Santa. Señores, eso va en el sueldo, y la Corporación municipal está formada por gente del pueblo y son representantes de dicho pueblo. A unos no les gustará mucho o poco salir en procesión; a otros no les gustará asistir a ciertos actos civiles; a otros no les gustará Cartagineses y Romanos; a otros no les gustará el Carnaval? pero tienen que asistir como representantes y en nombre de sus conciudadanos, lo tienen que hacer porque entra en el sueldo y éste se lo pagamos todos.

Al llegar a este punto, quien haya tenido la paciencia de leer estas reflexiones, pensarán que soy un procesionista y semanasantero de pro. Aclaro: la Semana Santa y sus procesiones me interesan tanto como el fútbol? ¡nada! Dicho esto, no voy por ahí pidiendo que se quite el fútbol o que se suprima la Semana Santa. En mi casa mi mujer y mis hijos son marrajos. Mi hijo formó parte de la Piedad, como portapasos, mis hijas fueron componentes de la Agonía y de las Santas Mujeres. Por cuestiones laborales y de residencia se apartaron fisica, que no sentimentalmente y de corazón. Jamás he puesto una pega y he pagado trajes y lo que haya hecho falta para que pudiesen 'salir'. Nunca me he opuesto, entiendo que haya quienes quieran participar tanto como que a mí no me guste hacerlo. Pero me interesa intelectualmente un hecho que mueve a miles y miles de personas. Y cuando he querido saber de los entresijos de la misma, he preguntado y pregunto a quienes saben. Y si he querido llegar más lejos he convocado a una mesa redonda (21 de febrero de 2014) a los Hermanos Mayores de las cuatro cofradías cartageneras. Antes de dar la patada y despotricar, me informo.

Añado otro complejo: Querer equiparar las costumbres y tradiciones ancestrales y enraizadas en los naturales de nuestra España con las costumbres de los que van llegando Ramadán y Año nuevo chino, por ejemplo ¿por qué? Yo digo que en mi casa si hay, hay, y el que venga a ella algo pillará. Pero jamás menoscabo mi casa para darle al que venga.

Y, para acabar, comentar que hace un par de semanas, en una comida, le dije a un californio estábamos hablando de lo divino y de lo humano: Si yo fuera alguien en el Ayuntamiento, a pesar de que a mí ni me va ni me viene, divulgaría y promocionaría mucho más de lo que se hace la Semana Santa de Cartagena.

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