Es la economía

'Brexit': lo peor es que no será

06.03.2016 | 04:00
'Brexit': lo peor es que no será

Los británicos han sido llamados a las urnas, en referéndum, para el próximo 23 de junio. Tendrán que decidir si el Reino Unido se mantiene o no en la Unión Europea, después del acuerdo alcanzado, tras intensas e interminables negociaciones, en el Consejo Europeo del 19 de febrero último.

Seré claro y conciso: por mí, que se vayan.

Gran Bretaña forma parte de lo que hoy es la Unión Europea desde el 1 de enero de 1973; más de cuarenta años. Eso sí, durante los últimos veinte, ha venido disfrutando de un status cada vez más especial. Por citar unos pocos ejemplos: la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE no le es plenamente aplicable, no forma parte del euro, ni participa en el espacio Schengen; y qué decir del ´cheque británico´ conseguido por Margaret Thatcher en 1984.

Algunos pensamos que ampliar la integración en la UE es una necesidad económica y política, porque hay mucho que cambiar para que su voz no continúe languideciendo a nivel global. Los cimientos de la Unión se han visto socavados durante los últimos años; son tantas las citas posibles que no merece la pena. Hay que invertir la tendencia.

Pero Gran Bretaña es un serio obstáculo para que la integración pueda seguir avanzando; sistemáticamente consiguen detener o ralentizar el proceso. Su salida, en último término, aunque tenga costes a corto plazo „que para el Reino Unido serían muy superiores„ solamente puede beneficiar a la Unión.

¿Por qué hemos llegado a este punto? Los británicos „no todos, claro„ llevan muchos años cuestionando a la UE. Simplificando podríamos decir que aborrecen el hecho de que tengan que aceptar decisiones ´tomadas en Bruselas´, incluso si ellos se han opuesto a ellas. El objetivo de los euroescépticos británicos es devolver la soberanía plena y absoluta a su Parlamento. Eso es incompatible con la Unión, pero ni el Partido Conservador, ni el Laborista, han sabido estar a la altura, por miedo a perder votos a favor del UKIP (Partido por la Independencia del Reino Unido).

Esas circunstancias llevaron a David Cameron a prometer, en su última campaña electoral, una renegociación con la UE, con la finalidad de reformarla para que el Reino Unido se encontrara más cómodo en su seno y, posteriormente, someter tal reforma a referéndum. En la práctica, el primer ministro británico ha conseguido muy poco, pero sí ha logrado, una vez más, que la Unión realice concesiones a los británicos, aunque, como en este caso, sea solamente para mantener las apariencias.

Cameron quería tener la capacidad para imponer, unilateralmente, una restricción destinada a limitar la inmigración de los países de la UE; dice que lo ha conseguido, pero tan sólo si es capaz de encontrar una mayoría cualificada del resto de países de la Unión. También quería que el Reino Unido pudiera negarse a participar en futuros programas que refuercen más la integración; esto sí lo ha conseguido, pero no es nuevo, como ya he dicho, ni están en el euro, ni en Schengen, o sea, llevan tiempo sin participar de lo que no quieren. Otra exigencia era que el Parlamento británico tuviera capacidad de vetar futuras leyes decididas por la UE; y dicen que lo ha conseguido, siempre que, además, una mayoría cualificada del 55% del resto de los Parlamentos de países de la Unión apoyen dicho veto, lo que, obviamente, no da la soberanía absoluta a Westminster. También quería asegurarse de que los contribuyentes británicos no se verán obligados a participar en rescates financieros a otros países de la zona euro, y así será, como lo ha sido en el pasado, ya que, hasta ahora, no ha contribuido en ninguno de los programas de asistencia financiera. Y alguna minucia adicional. Mucho ruido para tan pocas nueces. Para mí, en todo caso, el problema no es el ´huevo´, sino el ´fuero´.

Hoy en día las encuestas todavía pronostican una división del cuerpo electoral prácticamente por mitades, a favor y en contra, de la salida, pero existen sólidos argumentos económicos para pensar que, según se acerque la fecha del referéndum, la balanza se inclinará por la permanencia.
Y eso es malo para la UE, porque Gran Bretaña continuará siendo como el Caballo de Troya: trabajará, desde dentro, por debilitar la Unión, por impedir mayores niveles de integración, por reducir el ámbito en el que las decisiones se adopten entre todos, en base a unas reglas de mayorías cualificadas, para exigir que las decisiones sean intergubernamentales, por unanimidad. Si los británicos partidarios de la salida no alcanzan a ganar la consulta vinculante redoblarán sus propósitos para desmontar lentamente cualquier tipo de integración.

La realidad es la que es: Gran Bretaña es un país hostil al acervo comunitario y, si permanece en la Unión, lo hará para condicionarla y debilitarla.

Lo mejor que podría pasar a una UE con vocación de avanzar y fortalecerse es que ganaran el referéndum los partidarios de la salida, porque así ya no podrían minar más la cohesión europea.

Los desafíos económicos a los que se enfrentarían los británicos serían enormes. Si Gran Bretaña sale de la Unión, las empresas industriales europeas continuarían vendiendo allí „igual que las británicas en el resto de los países europeos„ bajo las reglas globales de la Organización Mundial del Comercio.

Pero la gran ventaja económica del Reino Unido, por estar en la Unión, radica en los servicios, de alto valor añadido, fundamentalmente financieros, pero no sólo: despachos de abogados, grandes consultoras y auditoras, medios de comunicación, estudios de arquitectura y un largo etcétera de actividades profesionales. Y eso sí lo perdería en caso de salir. Por ello no va a suceder; son muchos los intereses que se pondrán en marcha para impedirlo. Alternativamente, el Reino Unido tendría que negociar algún tipo de acuerdo singular, que no podría ser muy distinto del suscrito por Suiza y, en tal caso, tendría que seguir aceptando intromisiones básicas en su ´soberanía´ nacional. Nada es gratis total.
Sinceramente, aprecio al Reino Unido, pero creo que, aunque no se conseguirá, lo mejor que le puede pasar a la UE es que triunfe el Brexit.

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