Palabras

El pacto naranja

28.02.2016 | 04:00
Pedro Guerrero Ruiz

No sentí ninguna alegría, sino más bien todo lo contrario, cuando pude oír los resultados programáticos del proyecto pactado entre PSOE y Ciudadanos. Mis dudas se confirmaron inmediatamente: Podemos se levantaba y salía de la mesa de negociaciones con el PSOE, pudimos comprobar errores de corta y pega en el documento que firmaron los dos partidos que pactaban y, otra vez, los pudientes orgánicos del PSOE no estaban muy convencidos, y no por el pacto en sí, que no era precisamente de izquierdas, sino por cuestiones de compromisos.

Decía el domingo pasado que el electorado puede pasar factura a la izquierda en su conjunto si no llegan los partidos finalmente a acuerdos. El único acuerdo se puede producir cuando vaya a ser la segunda votación de investidura, porque podría haber algún día de parlamentarismo negociado por esa izquierda.

No me gustó que fuese en primer lugar IU quien se opusiera a seguir en la mesa con el PSOE, porque si bien veía en la convocatoria de esa izquierda por intentar llegar a acuerdos en una mesa de negociación, cuando vi, el día de desacuerdo con el pacto naranja y detrás de Garzón, a Anguita y a Alcaraz, los de la ´pinza´ con la derechona de Aznar, me parecía que estaban en la operación. Pobre Garzón.

Tampoco me gustó que al día siguiente del pacto PSOE-Ciudadanos, algunos líderes del PSOE hayan quitado a Pedro Sánchez el apoyo ideológico con motivo, sobre todo, del acuerdo de la extinción de las Diputaciones; y encabeza esa posición gente que es presidente de la Diputación en Andalucía, la propia Susana Díaz y otros de interés muy calificado en su continuidad. Pero espero que todo salga bien para Sánchez, que, con buen tino ha hecho los deberes, aunque algunos, sobre todo el último, personalmente no me agrade.

¿Cómo puede ser que algunas Diputaciones sean dueñas de hospitales, colegios o mantenimientos de bandas de música, etc., cuando ese no debiera ser su cometido? Lo primero sería vaciar esa duplicidad de funciones de las Diputaciones con las Comunidades autónomas y sus respectivos Gobiernos e incluso con los Ayuntamientos, y dejar de enchufar en las mismas a los asesores amiguetes del partido.

Estoy conforme con el trabajo realizado por Pedro Sánchez, por la visión inicial de que habría que trabajar un programa con todas las fuerzas, pero no con la firma final, aduciendo que no era un pacto para la investidura sino para toda la legislatura, y con Ciudadanos. Craso error.

Porque ahora, o mejor inmediatamente, pasa que Podemos le dice adiós a la mesa de negociación. ¿Y qué hacer?

Nadie lo sabe. Pero si no sale bien la primera votación de investidura para el PSOE, puede que Éste y Podemos hablen hasta la segunda investidura. Puede... Ahí es donde la izquierda social piensa que pudiera y debiera haber acuerdo. Si no es así la izquierda perderá credibilidad en las nuevas elecciones que se avecinan de salir mal el pacto necesario entre ambos partidos.

Y en relación a IU añadir que hizo una buena gestión al sumar a la reunión los que no se reunían, aunque después ha desaparecido de la escena, demostrando que aquel ´marco de referencia de emergencia social´ no era verdadero, sino todo teatrería, inmadurez de psicodrama que no les servirá sino para subir uno o dos diputados más, según encuestas.

Parece que si hay elecciones, otra vez, el gran perdedor será el PP, y subirá Ciudadanos a costa de él. Lo demás quedará más o menos igual, salvo lo argumentado para IU. Lo grave no sería eso, sino que habríamos perdido una oportunidad única para no aplazar las necesidades de nuevas leyes y reformas en un Estado que nos ahoga y que ha creado, gracias el Gobierno del PP, una pobreza terrible, un país en emergencia y una sociedad que sufre lo indecible y no encuentra una respuesta desde la izquierda en su conjunto a sus aspiraciones porque los partidos que debieran responder optan más por los pactos que son contraproducentes o por el solo interés de que algún partido está más interesados en poner nombre a los ministerios que en el Gobierno necesario que hace falta ya, con urgencia.

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