Al Azar

El PP cambiará de nombre

22.02.2016 | 04:00
El PP cambiará de nombre

El CIS excluirá al PP de las encuestas porque ha dejado de ser una opción de Gobierno. «Todo lo anterior es falso, salvo alguna cosa», que diría Rajoy sobre Bárcenas. En efecto, el presidente en funciones se ha convertido en el primer candidato propuesto por el rey que se niega a defender su candidatura en el Congreso, en cuarenta años de democracia. Como mínimo, habría que colocar un asterisco junto a las estadísticas de los populares, para aclarar en nota a pie de página que sus aspiraciones dependen de la disponibilidad de sus líderes. Y ´alguna cosa´ adicional a reseñar es que el partido antaño hegemónico de la derecha tendrá que cambiar de nombre, acosado por la corrupción y la pasividad. Por lo visto, el CIS deberá modificar sus algoritmos después de todo.

Nadie cree lo suficiente en el PP para preservarlo en su actual configuración. En un ejercicio de indiscutible mérito, la prensa de Madrid lo ha mantenido con respiración artificial durante los últimos años. Escasamente dotado para la regeneración y mucho menos para la inauguración de una nueva etapa, Rajoy hará realidad su proyecto de convertirse en el último bastión de un PP anulado como formación política. La refundación suena a eufemismo, el cambio radical irá mucho más allá de la gaviota. En apariencia traumática, la reordenación no menguará los caudales de la derecha, asentados por encima del 45 por ciento. Volverá a demostrarse que solo hay algo peor que sentirse inmortal, creerse insustituible. Los populares ni siquiera deben plantearse la disyuntiva, porque han incurrido en ambos vicios simultáneamente.

La palabra de Rajoy es la única garantía de la continuidad del PP, y cada vez está más callado. El cierre de empresas obsoletas es un saludable aserto en la órbita capitalista, por encima de los daños personales. Sorprende que un partido creyente en los caprichos del mercado haya impuesto la fe en su carácter único, hasta el punto de olvidar uno de los principios básicos de Cómo crecen las marcas, del profesor Byron Sharp. «Dentro de su terreno de juego, los consumidores de las marcas son similares: los compradores de Versace son similares a los de Gucci, y los compradores de Nike son similares a los de Adidas». Si no es el PP, será otro, en el caso del espectro político español.

Refugiarse en las primarias equivale a buscar paliativos, a reducir la velocidad que conduce a la extinción sin frenar el vehículo en rumbo de colisión. La última refundación del PP tuvo lugar en 1989, cuando el IX Congreso de Alianza Popular alumbró la nueva denominación. Rajoy ha conseguido aventajar a Fraga en inmovilismo, pero de aquella catarsis surgió un Aznar encumbrado por Rodrigo Rato. (Intromisión personal). En el verano de 1990, la princesa Smilja de Mihailovich atrajo a Aznar a Ibiza, para presentar un desfile de la moda ad lib. El futuro presidente se apresuró a declarar que su esposa le compraba la ropa, y en El Corte Inglés. Entretanto, Abel Matutes me confesaba que «yo también soy ecologista». El PP prosperó porque supo explotar sus contradicciones entre vestidos volanderos y trajes entallados de grandes almacenes, entre empresa dura y medio ambiente. Rajoy ha exterminado la flexibilidad. Antes de negarse a una propuesta del Rey en un gesto inconstitucional, se negó a entender el país bajo su batuta. Por no hablar de la corrupción.

El PSOE ya ha sufrido la jibarización, reducido a menos de la mitad de su época de esplendor. Sin embargo, Pedro Sánchez ha creado la ilusión de que un segundo Zapatero es posible, mientras que Rajoy ha transformado La Moncloa en la versión contemporánea del Escorial. Ni siquiera se pone al teléfono cuando le llama Esperanza Aguirre, que se ve obligada a enviarle un mensaje. Para el último líder del PP, presidente en funciones es un oxímoron. Se hará difícil distinguir si su absentismo ha estimulado una época de ebullición o solo ha coincidido con ella. España vive una guerra civil en el sentido literal y pacífico reclamado por Unamuno, «con armas de ardiente palabra, que es la espada del espíritu». Si se repasan los cinco sustantivos y adjetivos de esta cita, ninguno de ellos se le puede adjudicar al líder simultáneo del Gobierno y de la oposición. Jamás podrá asumir una liza electoral en la que, conjugando a Byron Sharp con Unamuno, ya no se compite únicamente con los adversarios del espacio próximo, para entrar en liza contra todos. Rajoy dictó la ´ley mordaza´ para rapar las rastas que rodeaban su Congreso, y le han entrado en la cámara en masa y en igualdad de condiciones. El acabóse.

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