El Castillete

Palabras y hechos

22.02.2016 | 04:00
Palabras y hechos

«Todo parece indicar que el Régimen (en la medida que democracia de muy baja calidad) aguanta el tipo, de modo que los elevados estándares que presenta en materia de corrupción, desigualdad y autoritarismo se sostienen. Y que el bipartidismo (ampliado a Ciudadanos) está demasiado comprometido con este estado de cosas»

Hace un par de semanas, en la actualidad política y judicial de este país confluyeron una serie de hechos verdaderamente desalentadores respecto a los supuestos aires de cambio que el resultado de las pasadas elecciones del pasado diciembre estaría induciendo. La concatenación de esas circunstancias en el espacio de apenas unos días provocó la impresión de que las fuerzas más reacias a ese cambio reaccionaban con contundencia, desmintiendo el sinfín de manifiestos a los que en estos tiempos asistimos de la mano de la totalidad de las fuerzas políticas, tanto emergentes como antiguas, en los que éstas aseguran que se abre un nuevo período, superador de los vicios y carencias de la vieja política.

Entrando en el primero de los casos, unos titiriteros eran encarcelados bajo la acusación de enaltecimiento del terrorismo porque en un espectáculo callejero un muñeco exhibía una pancarta de apoyo a ETA que un policía corrupto había colocado en las manos de una bruja con el fin de incriminarla. Hasta un niño entiende que la obra denuncia un montaje policial sin apología alguna de organización terrorista. Casi a la vez, ocho sindicalistas de Airbus (al final felizmente absueltos) se sentaban en el banquillo por su actuación como piquetes en la huelga general de 2010, bajo la petición fiscal de ocho años de cárcel al amparo del artículo 315.3 del Código Penal. Estos ocho forman parte de esos trescientos sindicalistas que acumulan causas administrativas y penales a consecuencia del ejercicio del derecho de huelga.

Estos dos casos ponen de manifiesto la pervivencia de hábitos franquistas y represivos tanto en muchos jueces como en las propias leyes, que han ido endureciendo su perfil autoritario a través de la modificación del Código Penal y de normas como la 'ley mordaza'. En ningún país de nuestro entorno se hubieran dado hechos de esta naturaleza, y la propia prensa extranjera ha resaltado la anomalía que constituyen en un país europeo y democrático. Por el contrario, y en lo tocante a los titiriteros, las fuerzas políticas, exceptuando Podemos e IU, manifestaron apoyo explícito (PP, Ciudadanos) o comprensión (PSOE) hacia su encarcelamiento

En otro orden de cosas, coincidieron con estos episodios judiciales dos asuntos vinculados a las tan denostadas puertas giratorias. Se trataba del paso de Trinidad Jiménez, a lo largo de toda su vida en cargos políticos de responsabilidad, a un puesto ejecutivo en Telefónica. En el mismo sentido, Elena Salgado desembarcaba en el Consejo de Administración de Pescanova, de la mano de la banca que controla la empresa pesquera. Pedro Sánchez, que se había conjurado para evitar estos penosos espectáculos en los que se entrelazan corrupción y tráfico de influencias, se apresuró a justificar el tránsito profesional de estas dos mujeres de su partido.

La cuestión de la corrupción no podía faltar a la cita, y no me refiero al delito en sí, que ha carcomido los cimientos del sistema político, sino a la supuesta actitud de firmeza del partido afectado de lleno por esta metástasis. Efectivamente, casi a la vez que Rajoy declaraba ante diputados y senadores del PP que 'ya' no iba a pasar ni una más, Rita Barberá, sobre la que se estrecha el cerco en relación al desmantelamiento de la trama valenciana, era blindada por su partido al nombrarla miembro de la Diputación Permanente del Senado.

Por último, UGT hacía público un informe que acreditaba que seis millones de trabajadores cobran por debajo del salario mínimo, es decir, menos de 655 euros mensuales. Toda una evidencia de la lacerante desigualdad existente y de una desvertebración social que amenaza la estabilidad y la convivencia.

En resumidas cuentas, todo parece indicar que el Régimen (en la medida que democracia de muy baja calidad) aguanta el tipo, de modo que los elevados estándares que presenta en materia de corrupción, desigualdad y autoritarismo se sostienen. Y que el bipartidismo (ampliado a Ciudadanos) está demasiado comprometido con este estado de cosas. Las palabras que oímos estos días suenan bien, pero no se corresponden con los hechos que suceden.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine