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Palabras y realidades

20.02.2016 | 04:00
Palabras y realidades

Está constatado que una mentira repetidas muchas veces (palabras) se convierte en una verdad (realidad) para la opinión pública. Esta técnica funciona y funciona muy bien, por eso, se utilizan palabras que ocultan determinadas realidades que no aceptaríamos si se dijera la verdad, se utilizan palabras para dibujar una realidad que no existe, una realidad llena de drama, de injusticia, de indignidad y de destrucción. La propaganda nazi ofrecía imágenes idílicas de lo bien que estaban los judíos en los campos de exterminio, que, por supuesto, no lo llamaban así.

En la actualidad también se da esta estrategia del sistema, utilizando frases muy bonitas y que hacen referencia a combatir la injusticia, a establecer la paz, cuando lo que realmente se está provocando es sufrimiento humano para satisfacer la ambición y el poder de las élites. Voy a ofrecer unos cuantos ejemplos. Vamos allá.

Cuando se pronuncian las palabras «vamos a privatizar o externalizar servicios para que sean más rentables para el ciudadano y más eficaces para mejorar la atención» lo que se está provocando es la realidad de establecer el marco de corrupción para que se adjudiquen esos concursos a empresarios que a cambio dan dinero a los políticos de turno. Está comprobado que la privatización encarece los servicios y la atención es muy normal. Eso sí, cuando lo que se privatiza es un mal negocio para las empresas adjudicatarias, se devuelve a las Administraciones públicas, que se hacen cargo de la deuda y, posteriormente, se le vuelve a adjudicar a la misma empresa con otro nombre distinto. Las pérdidas para el Estado, y las ganancias para lo privado.

Cuando se pronuncian las palabras «nos estamos recuperando económicamente» lo que se procura es la realidad de que la gente se resigne a vivir con sueldos muy bajos y sin derechos para aumentar las ganancias de las grandes empresas, sobre todo de las multinacionales. En este sentido, cuando se dice que hay que aumentar la productividad y la competitividad, se fomenta la realidad de trabajar más horas y a mayor ritmo (productividad) y con menos salario (competitividad).

Cuando se pronuncian las palabras «es necesario el crecimiento económico para que llegue a los de abajo», lo que se defiende es la realidad de la desigualdad social y que tenga un carácter permanente. En pocos años la realidad será que el 1% de la población tendrá el 99% de las riquezas.

Cuando se pronuncian las palabras «desarrollo sostenible para proteger y cuidar la naturaleza» lo que se está estableciendo es la realidad de seguir destruyendo nuestro planeta en aras de la sobreexplotación y la agresión al medio ambiente para aumentar los beneficios económicos, degradando el planeta, la casa común, la vida humana, aumentando la pobreza y la miseria.

Cuando se pronuncian las palabras «bien común, interés general», lo que se defiende es la protección del ejercicio de la codicia, la avaricia y la violencia de unos pocos en detrimento de la mayoría social.

Cuando se pronuncian las palabras «miras más altas y razones de Estado» lo que se quiere es la realidad de que aumenteN las cotizaciones en Bolsa de los grupos económicos y financieros. La expresión ´miras más altas´ significa elevar la mirada para ver los paneles donde aparecen las cotizaciones de las acciones, y no es ninguna ironía.

Cuando se pronuncian las palabras «economía de libre mercado» lo que se quiere imponer como realidad es la dictadura de los mercados, es decir, de los mercaderes, que imponen su voluntad y planifican la economía para ir creando megaempresas, a través de fusiones donde convergen en una misma dirección las empresas de los medios de comunicación, la industria militar, las industriaS que comercializan los recursos naturales como el petróleo, fondos de pensiones y de inversión.

Cuando se pronuncian las palabras «combatir el terrorismo» lo que se está creando es la realidad de una guerra mundial, porque intervienen más de cinco países, para controlar los recursos naturales, el paso de los gaseoductos y el control geoestratégico. En esta realidad, las palabras ´daños colaterales´ significan poder matar civiles impunemente. Estados Unidos y Rusia están bombardeando hospitales de Médicos Sin Fronteras sin ningún tipo de escrúpulo. Hay que seguir recordando que en los conflictos actuales, de cada cien personas que mueren, 99 son civiles y sólo una es militar.

Cuando se pronuncian las palabras «radicales y populismos» lo que se está fabricando es la realidad de una sociedad sin ética, sin valores, donde mande el más fuerte, con crueldad, donde la Declaración Universal de los Derechos Humanos se queden solo en un documento. Se fabrica la realidad de la maldad, la opresión y la explotación, negando la posibilidad de una realidad configurada por la justicia, la paz, la libertad, la esperanza y la dignidad.

Cuando se pronuncian las palabras «la OTAN va a controlar a los traficantes de personas» lo que se está afirmando es que se quiere establecer la realidad de impedir que los refugiados por causa de la violencia y del hambre puedan llegar a Europa y se queden en sus países de origen aguardando su final o deambulen por tierra de nadie sin futuro. La noticia de que 10.000 niños han desaparecido en los campos de refugiados en Europa, cuyo destino es la venta para padres que no tienen hijos, para abuso de menores y tráfico de órganos, pone de relieve la realidad de que la vida de los refugiados no vale nada, son negocio. ¡Qué tristeza!

Cuando se pronuncian las palabras «ya no hay desahucios» lo se hace es invisibilizar la realidad de que en España hay 517 ejecuciones hipotecarias al día, en Murcia hay ocho cada día. Se hace invisible una realidad durísima.

Podríamos seguir con más palabras que ocultan realidades. El sistema capitalista ha logrado que anulemos nuestro pensamiento crítico y nos instalemos en el pensamiento único de que las cosas son así y no pueden ser de otras maneras, todo depende de la suerte y del azar, renunciando a la lucha por esa humanidad llena de vida y vida en abundancia.

Nos mienten, nos manipulan y nos meten miedo con las palabras. Convirtamos nuestras palabras, la que crean realidades humanas y justas, en vida, para que nuestros pensamientos y sentimientos dibujen y hagan realidad el mundo que soñamos, que no es otro que el mundo donde nadie sobra. Despertemos de la anestesia de nuestra conciencia.

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