La balanza inmóvil

Convento convulso

12.02.2016 | 04:00
Convento convulso

Qué tiempos más convulsos estamos viviendo. Esto es mucho y muy fuerte. Desde que tenemos dos papas y dos reyes, estoy traumatizado. Pero aún sin asumirlo, me llegan más datos que me hacen convulsionar más, aunque nunca desesperanzar. Cuando todo parece más o menos tranquilo, salta, por un lado, Valencia y se lleva para adelante a medio partido político, porque nueve de los diez concejales de ese partid, del ayuntamiento de Valencia van a ser investigados en la trama Taula por delito de blanqueo de dinero, y su jefa, la alcaldesa, que dice que no se enteraba de nada, era el prototipo de la honradez. Y, por otro lado, la infanta que no quiere sentarse en la silla de los acusados, y por eso recurre al Tribunal Supremo la no aplicación por las magistradas de la Audiencia Provincial de Mallorca, de la doctrina Botín, y eso conculca sus derechos fundamentales. Ella sí que sabe. Hasta aquí más o menos normal, si es que todo esto, incluida la falta de acuerdo para presidir un Ejecutivo puede ser normal, con la posibilidad de gobernar quien no gana las elecciones. Me apunto en mi agenda la urgente necesidad que tengo de repasar lo que es la democracia y para qué sirven los votos.

Decía que no es tan normal que la Policía entre a saco en un convento de clausura de monjas. Concretamente el de las Mercedarias Descalzas de Santiago de Compostela, y que su madre superiora sea investigada judicialmente. Pero como no tiene nada que ocultar acudió a la cita judicial, no con abogado sino con su capellán. Debió pensar en Zorrilla: «A buen juez, mejor testigo». Y declaró en presencia de Él, del cura, del juez y de la fiscal, que para más INRI se llama Aranzazu San José, que no era verdad que ninguna monja hubiese sido retenida en el convento contra su voluntad, ni que ella les amenazara y no les devolviera el pasaporte, pues las que han pedido marcharse sólo han tenido que esperar a que acabaran los trámites de la solicitud de la dispensa papal para poder salir de la clausura y colgar los hábitos. Claro que no se dice cuánto tiempo es, pero me temo que si las cosas de palacio van despacio, y la Justicia es lenta, el Vaticano puede ser una eternidad. O al menos eso le tiene que parecer a alguien que se quiere ir de un sitio y no puede.

Junto con la madre superiora otras dos monjas, éstas ya como testigos, depusieron en la sala, y ratificaron lo que su jefa dijo. Todo partió de una denuncia de una exmonja que hizo que otras tres, indias, fueran liberadas por la Policía. Total, que entre la negación de la superiora, la declaración de las monjas manifestando que a las otras religiosas indias no les amenazaban ni se les retenía en el convento contra su voluntad, y que las mismas liberadas no quieren denunciar, el archivo de las actuaciones puede ser el final. Y para eso otra exmonja lo denunció, y para eso una juez de guardia entró al frente de la Policía en el convento, que menudo papelón también.

En fin, que no damos abasto con tanta sorpresa. Si todo fuera tan fácil como borrar los discos duros, y después decir «yo no he sido», o que «eso es lo normal», aunque exista una investigación judicial abierta, a lo mejor hasta nos lo creemos, pues es lo que tiene vivir de salto en salto, de noticia en noticia, y de un no me acuerdo a otro tampoco me acuerdo? Y encima, dos reyes y dos papas.

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