El balcón de cristal

Pasos descaminados

11.02.2016 | 04:00
Pasos descaminados

No debemos dejar de pensarlo, los datos son bastante escalofriantes para que caigan en olvido. La noticia de los niños perdidos no puede pasar sin la reacción que merece, sin una inmediata puesta a la búsqueda de soluciones. Según datos de Europol miles de menores envueltos en movimientos migratorios al hallazgo de refugio (al menos 10.000), se han volatizado sin dejar rastro al llegar a suelo europeo. Aunque carente de total certeza porque se desconoce su paradero, la Policía teme que muchos hayan ido a parar a las garras de mafiosos.

La necesidad de organizar recursos de protección y control, que permitan a la población menor de edad un caminar seguro, es urgente. Por dignidad humana no cabe esperar sino respuestas rápidas, tal se haría si estos niños fueran alemanes, italianos o tuvieran cualquier otra nacionalidad de la UE.

Es moralmente impensable que menores en busca de amparo sigan dando pasos descaminados que los abocan aún más a todo tipo de conflictos, que los sitúan en situación de vulnerabilidad ante manos de traficantes y explotadores de todo tipo.

De la gravedad del asunto emerge una nueva paradoja que a título de normativa quiere salir pronto a la luz, y que ya incluso antes de verla se gesta rodeada de polémica. Se trata de la obligación de inscribirse en un registro antes de prestar ayuda humanitaria a inmigrantes; habiendo quien considera que tal ordenamiento puede repercutir negativamente en la actitud altruista de personas predispuestas a ayudar. Pero sea como sea no puede permitirse que los pequeños sigan perdiéndose ni se puede mirar hacia otro lado mientras circulan solos. La creación de redes de tutela para su acompañamiento puede ser una idea, sirva de ejemplo Metaction, una ONG griega formada ya hace años. Piénsese rápido la intervención más oportuna, pues es moralmente inaceptable que se vean abocados a dar en solitario pasos descaminados.

Diseñen quienes tengan la competencia correspondiente medidas seguras, con la misma premura y tal cual si fueran pensadas para proteger a sus propios hijos.

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