El Contenedor

Elías Ros Garrigós

08.02.2016 | 10:42
Juan Bautista Sanz

Hacía cierto tiempo que no le veía; que no tenía la oportunidad de intercambiar el saludo afable y afectivo que repartía a sus amigos, entre los que creo que me encontraba. Elías Ros Garrigós, la voz cordial de la radio, ha muerto a los 97 años. Y lo siento mucho porque fue una persona entregada a su recreado oficio de comunicador; al que le debemos el eco que producía, en su interés, con todo lo relacionado con la cultura. En su muerte se ha recordado la trayectoria en la radio, en la Radio Murcia del Recreative y de don Arsenio Sánchez Alcarría, en tiempos anteriores a convertirse en SER. Muchos recordaremos la emoción de sus retransmisiones afectadas de religiosidad sincera. Fue, sin duda, un valor de los inicios de la radio comercial. Todo eso es cierto, aunque yo quiero acentuar una faceta de su personalidad muy importante.

Fue dibujante en sus años laborales, y por devoción y vocación, pintor. De los humildes, de los que no presumen de talento, aún teniéndolo. Había conocido a toda la generación gloriosa de los años veinte y era una de sus conversaciones preferidas. Conservo una foto del taller de la primera Escuela de Artes y Oficios Artísticos de Murcia, en la plaza de Santo Domingo, en la que Joaquín García 'Joaquín', imparte su clase y Elías es un muchacho de pantalón corto. Todo le venía sabido sobre aquellos artistas murcianos que dieron evolución histórica al arte en Murcia. Planes, Flores, Garrigós, Gaya o Victorio Nicolás.

Su veneración más cercana era Luis Garay, su maestro en la mirada y el concepto plástico; el pintor del barrio de San Juan le influyó notablemente; fue una delicia hablar con él de sus vivencias emocionales. Aunque dicho lo dicho, Ros no era nada solanesco, al contrario que el maestro Garay, enjuto como una escultura de Giacometti.

Cuando se aunaban en su trabajo afición y vocación, la narración de su voz se hacía imprescindible, familiar. Nada le pareció nunca mal, ni fue ajeno a cualquier brillo joven o viejo; grababa sus entrevistas con el afecto del hombre bueno y sabio; ejercía un magisterio en profesionales del medio que hoy son referencia indispensable en la historia de nuestra radio. Nunca faltó a su compromiso con el amigo, con el artista novel o consagrado. Ausente de malicia, fue una persona querida en todos y cada uno de sus pasos familiares o profesionales. Persona que será difícil de obviar y olvidar en ese callejero ilustre de nuestra capital. Su ausencia será notoria y dará fe de que el tiempo pasa inexorable para todos.

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