Al paso

Nueva era con vieja política

05.02.2016 | 04:00
Nueva era con vieja política

Hace unos cuatro años (mucho antes de que se fundase Podemos y de que Ciudadanos diese su salto a la política nacional) escribí en este mismo diario varios artículos sobre la más que posible lenta agonía y desaparición del PSOE de seguir con su falta de ideología. En las últimas elecciones generales, el principio de ese fin comenzó a hacerse visible, con el peor resultado cosechado por el PSOE en toda su historia. Con la decisión de Pedro Sánchez de aceptar el encargo del Rey de someterse a la investidura, quedó de nuevo evidenciado que al actual PSOE lo único que le importa es el poder, sin tener en cuenta la ideología o el programa, lo que supone sin duda el fin de cualquier partido. Su posible coalición con Podemos en el Gobierno puede hace que terminen definitivamente fagocitados. Y lo mismo que le pasa con Podemos, le pasa con los partidos nacionalistas.

Uno de los mayores errores del PSOE a lo largo de su historia ha sido pensar que aquellos que tienen un enemigo común son amigos. Nada más lejos de la realidad. Cree el PSOE „y siempre lo ha creído„ que todos los partidos contrarios al PP son amigos del PSOE. Gracias a eso, el PSOE, durante sus años de gobierno, se apoyó en los partidos nacionalistas en Galicia, el País Vasco y Cataluña y cedió a estos un sinfín de privilegios, fomentando el radicalismo nacionalista. Ahora estamos donde estamos gracias a ese estúpido pensamiento, ya que cualquier persona con un mínimo de cultura sabe que los partidos nacionalistas no son progresistas, sino ultraconservadores y, en muchos casos, próximos al fascismo. Si un nacionalista español es un fascista, uno catalán, vasco o gallego no lo es menos. Esto es pura aritmética.

Dicen Pedro Sánchez y Pablo Iglesias que en las últimas elecciones España votó por el cambio. Hasta donde yo sé, España eligió como partido más votado al PP. Y como segundo partido, al PSOE, lo cual no supone cambio alguno. De hecho, incluso haciendo sumas, los partidos considerados progresistas „PSOE, Podemos e IU„ han logrado 11.643.131 votos, mientras que los partidos más conservadores „PP y Ciudadanos– han logrado 10.715.976 votos, una diferencia de tan solo unos 900.000 votos, lo cual tampoco significa que España haya votado mayoritariamente un cambio progresista. Por otro lado, viendo el comportamiento de Podemos „anteponiendo los cargos a las políticas, aumentando sus cuentas bancarias, colocando a sus amigotes sin preparación en cargos políticos„ parece que a Pablo Iglesias y a sus colaboradores les gusta tanto el ´viejo poder´ como al PSOE y al PP. Incluso ya comenzaron a tener presuntos casos de corrupción en sus filas antes de haber gobernado. Todo un récord.

El principal problema hoy en día en la política española es que todos los políticos se han convertido en presuntos corruptos. Casi nadie se fía ya de ellos. Miembros del PSOE y del PP „junto con sus colaboradores externos„ han robado una ingente cantidad de dinero al Estado español. Y lo siguen haciendo. Y sus dirigentes siguen defendiendo directa o indirectamente a quienes lo hacen. Tampoco parecen fiables los miembros del tercer partido más votado, Podemos, que predican una cosa y hacen otra bien distinta. Visto así, da la sensación de que el próximo Gobierno que salga en España no será progresista, sino continuista: se irán unos para ponerse otros, pero parece que el gusto por el poder, el sillón cómodo y el dinerito fresco seguirá siendo la tónica de la próxima legislatura. Hasta que no aumenten las penas por corrupción, hasta que no persigan el fraude hasta las últimas consecuencias, hasta que no prohíban las puertas giratorias, ninguno de ellos es fiable.

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