Estelas en la mar

Vergüenza

27.01.2016 | 04:00
Antonio Balsalobre

A Pedro Antonio Sánchez se le cae la cara de vergüenza cuando tiene que coger el AVE en Albacete. Pero no, por lo visto, cuando pasa en coche por Cieza en dirección a la estación de tren manchega y constata que las obras de la Variante de Camarillas siguen ahí sin terminar, años y años después de su inicio. Hagamos cuentas. El trayecto Murcia-Albacete por carretera le lleva una hora y media. Y el posterior desplazamiento en AVE a Madrid, otra hora y media larga. Total: tres horas, largas. Cogiendo el Altaria en la Estación del Carmen, el trayecto directo a Madrid dura tres horas y 58 minutos (que se podrían haber acortado en más de media hora si estuvieran terminadas las dichosas obras de la variante). ¿Qué gana entonces PAS desplazándose a Albacete para coger el AVE y tener que pasar la vergüenza que pasa por las cosas que «le dicen los murcianos que lo ven»? Aparentemente, bien poco. Apenas unos minutos. Pero se da el gusto, eso sí, de aparecer en Madrid en AVE, que, bien mirado, dignifica la función presidencial.

Independientemente de que el AVE tenga que llegar a Murcia (lo que suscribo, evidentemente), Sánchez no debería olvidarse de los habitantes de las comarcas de Cieza, Calasparra y alrededores, para quienes siempre será más cómodo y más rápido coger el Talgo para desplazarse a Madrid, utilizando la vía convencional mejorada, que trasladarse a Murcia capital y coger el AVE.

La vergüenza, ya se sabe, es ese sentimiento de incomodidad que provoca el temor a hacer o estar haciendo el ridículo. Y por las declaraciones realizadas a la televisión regional, da la impresión de que el presidente del Ejecutivo tiene muy acusado ese sentimiento. Es verdad que parece de chiste que el presidente de una Comunidad autónoma tenga que irse a la ciudad de una Comunidad vecina (y rival) a coger el tren. Pero, ¿de quién es la culpa? debería preguntarse PAS. Su partido lleva gobernando la Región más de veinte años, durante los cuales también ha gobernado España más de doce. Así que, saquemos de nuevo las cuentas, y la respuesta nos vendrá dada.

En cuestión de ´vergüenza´ todos deberíamos aprender del dramaturgo Fernando Martín Iniesta. Decía el autor ciezano en la contraportada de su libro Cantón (una buena recreación de la vida de Antonete Gálvez) que había nacido en un pueblo de la provincia de Murcia cuyo nombre guardaba celosamente para que sus paisanos no se avergonzaran de él. Ironía hiriente, de una clarividencia perturbadora, pero que tiene el mérito, al menos, de dirigir el foco del problema hacia nosotros mismos.

Entiendo que la ´vergüenza´ que siente Sánchez en Los Llanos no se queda sólo en la sensación de estar haciendo el ridículo sino que va acompañada también de indignación. Pero para vergüenza, entonces, señor presidente, la que se siente viviendo en un país en que veinte personas tienen el mismo dinero que el 30% de la población, en que la desigualdad ha aumentado desde el inicio de la crisis casi diez veces más que el promedio europeo. Para indignación, la que produce ver a un juez imputando (perdón, investigando) a un partido político por romper a martillazos unos ordenadores comprometedores.

Vergüenza es vivir en una Región en la que «ha faltado sensibilidad social y ha sobrado corrupción» (lo mismo que ha dicho Cifuentes refiriéndose a su partido). O estar bajo la tutela de una Administración en que los amaños en certificaciones de obras públicas cuentan con la complicidad de altos cargos ministeriales. Bochorno es el que produce releer el tuit de Teodoro García, diputado por Murcia, en el que decía textualmente el 25 de marzo de 2014: «Una gran gestión de Arcadio Mateo al frente de Acuamed. Un activo importante en el equipo de Federico Ramos». El primero, director general de Acuamed, en prisión incondicional y acusado por el juez Velasco de formar presuntamente ´una red criminal´ para dar pelotazos en la España seca. El segundo, el dimitido subsecretario de Presidencia, hombre de confianza de Santamaría, acusado de participar en la reunión en que, al parecer, se acordó el pago ilegal de Acuamed a FCC de cuarenta millones.

Y no sigo. Así que mientras llega o no llega el AVE a Murcia, y tenga que desplazarse a Albacete a coger el tren, consuélese, señor presidente, pensando que su vergüenza al lado de otras se queda en sonrojo.

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