El Castillete

Soberanía nacional, igualdad ciudadana

25.01.2016 | 04:00
Soberanía nacional, igualdad ciudadana

«Hace tiempo que el Estado dejó de ser soberano, precisamente de la mano de quienes ahora invocan esa soberanía y que modificaron el artículo 135 de la Constitución, los mismos que anteriormente habían puesto el país en manos de una troika extranjera y no electa por ninguna instancia democrática europea, pusieron las cuentas del Reino en manos de los acreedores extranjeros, violando definitivamente nuestra soberanía»

De manera reiterada, tanto Rajoy como Rivera invocan la unidad de aquellos partidos que abogarían por la soberanía nacional y la igualdad de los ciudadanos, residan donde residan, que es como pedir la confluencia política de quienes defienden la unidad de España. En esta tarea cuentan también con el inestimable apoyo de un sector importante del partido socialista, envuelto con fruición en la rojigualda. Lo primero que sorprende de este afán patriótico es la asimilación de unos términos, aquéllos que dan título a este artículo, con una forma específica de organizar un Estado, a saber, uno constituido sobre una sola nación y unitariamente organizado.

Lo cierto es que la soberanía nacional del Estado español, independientemente de que éste se organice en torno a una o varias naciones, se referencia con relación a poderes exteriores a dicho Estado. Y en este sentido, éste hace tiempo que dejó de ser soberano, precisamente de la mano de quienes ahora invocan esa soberanía. Efectivamente, quienes modificaron el artículo 135 de la Constitución, los mismos que anteriormente habían puesto el país en manos de una troika extranjera y no electa por ninguna instancia democrática europea, pusieron las cuentas del Reino en manos de los acreedores extranjeros, violando definitivamente nuestra soberanía. En lo tocante a la cuestión de la igualdad de los ciudadanos, lo que Rivera, Rajoy o Susana Díaz piden es que la gente, viva en Cáceres, Vitoria o Barcelona, posea los mismos derechos y prestaciones, garantizados por un presunto Estado central redistribuidor.

Ocurre que olvidan que el factor esencial que define el nivel de equidad de una sociedad que está bajo un mismo Estado (conste de una sola nación o de varias) es social, no territorial. Es decir, la distribución de la renta (y del poder, en última instancia) entre las distintas clases sociales es lo que conforma un mayor o menor grado de igualdad. Y vuelven a ser precisamente los que invocan esta igualdad entre la ciudadanía los responsables, merced a las política económicas y sociales implementadas en los últimos tiempos, de la enorme fractura social producida en España, provocando que nuestro país sea el más desigual de la eurozona, con niveles de pobreza incompatibles con su renta per cápita.

Pero el bipartidismo (ampliado a Ciudadanos) no sólo invoca cuestiones que en última instancia quebranta, a fin de asimilarlas de manera torticera y manipulada al concepto de unidad de España, sino que con su actitud rígida, intransigente y dogmática, inspirada en una concepción franquista de la idea de unidad, genera para ésta una situación de peligro real. Ya se ha dicho hasta la saciedad que el PP (y con éste quienes suscriben su visión en este asunto) es una fábrica de independentistas enormemente productiva. No hay quien dude de que la actitud adoptada por la derecha en relación al Estatuto que emanó del parlamento catalán, catapultó hasta la estratosfera las ideas secesionistas, recluidas hasta entonces en una minoría.

Lo cierto es que este país se encuentra atravesado por una fuerte tensión territorial, que pone en cuestión el modelo articulado en la Transición. Y que frente a esta crisis, se plantean dos opciones. Por un lado, la que protagoniza el bipartidismo, expresión del Régimen del 78, enrocándose en la visión de España una, grande y libre, abocada al fracaso por cuanto conduce a un incremento de las tensiones; por otro, la de quienes aspiramos a que se reconozca que España es una nación de naciones, por lo que la convivencia entre éstas sólo será posible a partir de que se reconozcan como tales unas a otras. La soberanía de España sólo se puede construir a partir de la suma de la soberanía de sus partes.

Si PP, PSOE o Ciudadanos quisieran realmente la unidad de España, buscarían seducir, no imponer. Si ahora preguntaran a los catalanes, estoy seguro de que la mayoría de ellos querría la unidad. Si no lo hacen, en poco tiempo esa mayoría querrá irse de un Estado que no los respeta.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine