El Mirador

Cuento sagrado

20.01.2016 | 01:48
Cuento sagrado

Esta semana, si me lo permiten, voy a contar mi visión de cómo pudo ocurrir el sucedido de lo de Abraham, que, como sabéis, fue el patriarca sobre el que se fundaron las religiones del libro, a saber: islamismo, judaísmo, y, por extensión, cristianismo, emanando de esta última multitud de iglesias interpretativas, entre las que destaca nuestra católicapostólica y romana, que, durante dos mil años, menos los primeros 33, nos ha venido machacando con cuentos de sacras historias, entre otros, inventados por interesados, dogmas.

Abrám, que así respondía al principio, era un jefe de tribu nómada premosáica que vivía como un patriarca, con su legítima y su concubinaje, entre sus rebaños y su vasallaje, al que, según cuenta una interesada leyenda, un día lo visitó un tal Ángel que hizo que su mujer, ya en edad (de la época) de no parir, le gestase un tal Judá, luego apodado Israel, o 'el Isra' pá los amigos, que le iba a hacer padre de muchas naciones, y de ahí que alargara su nombre al de Abraham, como le alargó la nariz al hijo de Gepetto. Bueno, esto vino a ser después del episodio en que cedió el uso de su señora al faraón en pago al arriendo de sus tierras por un tiempo definido, así que, ante la inexistencia de un análisis genético fiable, tampoco aventuraré yo la paternidad de tal vástago, que luego ya se sabe? Bien. Pues la fama le viene a este jefe beduíno, que eso y no otra cosa era el buen hombre, porque el puñetero presumía de tener línea directa con Dios, y le calentaba la oreja con las cosas más peregrinas, como la muy conocida sobre uno de sus innumerables bastardos, que era la prolongación humana de sus incontables ganados, como signo de la época. De ahí que no viera mucha diferencia tampoco entre sacrificar a un cordero cebado que a un hijo de su incontrolada descendencia. A saber si, por otro lado, tampoco era la primera vez? Y aquí viene lo del tan famoso Isaac.

Así que estaba el ilustre personaje metido en faena, dispuesto al descabello, cuando oyó una voz de alguien que pasaba por allí, y que le gritaba algo así como: «¿Pero ande vas, desgraciao? pos no que vá a matar al zagal el mú burro... ¡suelta la faca ya mismo, gilipollas..!», al que le contestó, un tanto azorado, el Abra: «¿Y tú quién eres?» respondiendo el interpelado: «Pos el Ángel, ¿o es que ya no t'acuerdas de mí, joío?» o algo muy parecido. Claro, el relacionar al Ángel con Dios y tal, puesto que Dios y él se las daba de ser uña y carne, era cosa de conveniencia hacer lo que aquellos jefecillos tribales solían hacer, que era colocar de su parte a cualquier poder o autoridad superior que se le pusiera a tiro. De ahí lo consabido en estos casos del «ven a mi tienda a descansar y comparte conmigo mi vino, mis viandas, mis chicas y lo cagafarta, tío?» y que vean los míos con quién se codea su puñetero jefe. En una de esas recepciones no es descabellado pensar una ida de pinza por la libaciones del ufano Abraham, padre de muchos pueblos, tras reflexionar para sí, «bueno, pos ahora que he largao a mi concubina Agar con su Ismael a que se las busquen como puedan, pues a mí amiguete Yahvé no parecen gustarles los ennegrecíos, a ver si se me ocurre algo como marca de la casa pá lo de mis tribus y eso».

Y puede también que, un día, ante el padrino Ángel, o ante otros, se le iluminara el turbante y lanzara su Eureka: «¡Yastá? o'yess que el Altísimo m'a hablao, el tío, y m'a encargao que señale a mi pueblo, que pá eso va a ser el escogío, y lo circuncide, que en eso se reconocerá que es el pueblo elegío del único Dios verdadero? Así que mañana me pongo al tajo y los capo a tós, y dejaré mandao a mis descendientes que no dejen a uno sin descapullar». Y no te extrañe que Ángel y cía celestial pusieran alas en polvorosa y no se dejasen tomar más la pluma por el jodío viejo? Es de ahí probablemente lo de que los exégetas estén de acuerdo desde entonces en no poner sexo a los ángeles.? Y colorín colorao / aquí se inició la Historia Sagrada / con tós los tíos capaos / y la religión coronada?

Sí, ya, vale? Sé que me arriesgo a que lo más meapilas del personal, animados por la santa curia, me arranquen la piel a tiras. Y que se me excomulgue antes de ser lapidado. Pero el humor solo es irrespetuoso para el ignorante, y un bálsamo para el culto. Solo los fanáticos lo persiguen? Todas las mitologías vienen del estudio de las religiones, o al revés, y ésta, como la persa, la romana o la griega, no dejan de ser más de lo mismo y devenir las unas de las otras. Y como tal ha de ser tratada, monada?

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