Tribuna libre

María José Besora

12.01.2016 | 01:20
María José Besora

La hija de Pepe, con 17 años, ha dicho que quiere ser modelo. Pepe, que el hombre aguanta como puede el amargo trago de la crisis, me dice que siempre le ha pasado igual.

– Mala suerte la mía, si monto un circo me crecen los enanos y, si es un equipo de baloncesto, los jugadores se encogen. Lo mío es de estudio de psiquiatra, ahora la niñita, que quiere ser modelo. Lo que me faltaba.

Le digo que no es para tanto, que hoy en día no ocurre lo que sucedía 30 años atrás, que no es todo oro lo que reluce pero tampoco es hierro oxidado, que es normal que la juventud busque soluciones, más o menos rápidas, a los problemas que se presentan diariamente en el seno familiar. La crisis económica ha desestructurado muchas familias, sin embargo esta afirmación que es cierta como la vida misma, no se sostiene si vemos que ha habido un descenso en el número de divorcios. Según los sociólogos, el tema lo achacan a que los matrimonios soportan lo insoportable: ante la coyuntura de pagar tasas judiciales, abogadas/os y procuradores, deciden, tácitamente, la convivencia ´pacífica´ dentro de lo posible.

Desde luego que la profesión de modelo no es igual que lo que era. Ahora existen academias, institutos que se dedican exclusivamente a la preparación de hombres y mujeres para presentarse a cualquier concurso de imagen, ya sea Miss o Míster, el camino a la fama, a la gloria, lo tienen más allanado. No obstante, el peligro continúa y se disfraza de mil y una fantasías, para que caigan como moscas a un rico panal, que resulta ser la trampa ideal para traficantes de bellos cuerpos de mujer.

A Pepe le hablo de gente del mundo de la pasarela que empezó como modelito de alta costura y está en pleno apogeo de su profesión y tanto físicamente como emocionalmente es plenamente feliz. Del tópico típico de la chica rubia y ´mona´ que de por sí es inculta y casi analfabeta, hemos pasado a la mujer moderna, preparada, con varios idiomas, independiente y con estudios suficientes para estar a la altura de cualquier circunstancia.

Como ejemplo le hablo de María José Besora. Quizás sea la perfecta representante de ´marca España´ por esos mundos de Dios, quizás es nuestra mejor embajadora, la mejor representante de la mujer española. Digo todo esto porque, a diferencia de las folclóricas, María José Besora es una mujer de nuestro siglo: es, por tanto conocedora, de todo lo referente a la problemática femenina. No es feminista, pero sí es luchadora por la equiparación, la igualdad de los derechos de la mujer frente a la discriminación masculina.

A los 15 años y por la insistencia de una compañera de colegio, decidió acudir a un casting para modelo fotográfico y a partir de ese momento, publicidad, pasarelas, Miss España, radio y televisión, teatro, cine, etc. Toda una carrera cargada de éxitos profesionales. Por supuesto que no todo han sido días de vino y rosas: el intenso trabajo que desarrollan estas profesionales, sesiones fotográficas maratonianas de 12 y 14 horas de duración, unido a un cuidado de su estética excepcional, hacen de un trabajo que, a simple vista nos parece normal, algo que requiere horas de gimnasio para mantener un físico envidiable que soporte tamaño desgaste. Profesionalmente, María José Besora ha hecho todo lo que de su profesión puede llegar a alcanzar: publicidad de las mejores marcas y empresas, ha desfilado luciendo modelos de los mejores creadores de moda en las principales pasarelas del mundo, ha triunfado en radio y televisión, se declara una apasionada del teatro y el cine, donde también ha mostrado sus dotes artísticas, en definitiva es un ´todo terreno´ que es capaz de interpretar a Doña Inés del Tenorio, como a pasar hambre en un reality (La isla de los famosos) en la República Dominicana.

Empresaria, se declara activista en búsqueda de soluciones a la desigualdad social. Ha participado altruistamente en muchísimas campañas contra el hambre, la violencia de género, la lucha por la igualdad y desde luego todo lo que va relacionado con la infancia, con niños y niñas marginados en todo el mundo.

Antes de conocerla, pues uno piensa lo mismo de siempre: «Niña mona, plástico fino, piernas largas y mente corta». A los dos minutos de decirle ´hola´ se acaban todas esas falsas ideas que nos han hecho pensar sobre la profesión de ´modelito´ y te encuentras con una persona con una inteligencia bastante notable que no presume de ella. Me interesa su opinión sobre distintos temas que nos afectan a todos, sus repuestas obedecen a una lógica aplastante que te dan ganas de invitarla a iniciar una actividad política y votar por ella. De momento tengo planes más interesantes para intentar conocerla más y mejor, quizás no estaría mal una serie que podría llamar Mis diálogos con la Besora; a algunos les sorprendería la visión que tiene sobre esta España nuestra de panderetas y chorizos y, por supuesto, del mundo árabe.

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