Amor a presión

¿Dónde habré metido yo el mando?

12.01.2016 | 04:00
¿Dónde habré metido yo el mando?

Más de tres semanas después del 20D, asistimos con existencias menguantes de palomitas y algún bostezo ocasional al curioso juego de tronos en que nuestros políticos andan enfrascados, durmiendo poco y afilando mucho, estos días. Las tramas y subtramas se van enredando y nos vamos dando cuenta de que nos costaría mucho poner al día a un nuevo espectador que se enganchase ahora a la serie. Por suerte (¿por suerte?), la tendencia es más bien dejar de seguirla, así que de momento nos ahorramos tener que resumir qué hace ese Alberto Garzón-Jon Nieve hablando de refundación en El Muro de IU, o la Boda Roja de investidura en Cataluña, o los movimientos de Ada Khaleesi para sentarse en el Trono de Hierro de la izquierda estatal, etcétera etcétera. Chistes, paradojas y alegorías facilonas no son lo que falta, con este panorama. Los comentaristas políticos, con ese tono desencantado y como de vuelta de todo que no soporto pero que no siempre consigo evitar, redactan a toda máquina los retruécanos del asunto, que se apilan y derrumban del otro lado del cristal.

Cuando en la primavera de hace cinco años decidimos reunirnos en las plazas de nuestras ciudades, no solo nos movía la indignación ante una gestión de la crisis que entendíamos como una estafa. La rabia del «no nos representan» contenía un reverso propositivo: la 'democracia real ya' que estaba por inventar, basada en la transparencia, la horizontalidad, el asamblearismo y el control ciudadano de las decisiones de nuestros representantes. Busquen algo de todo eso en las moquetas humeantes en que se escriben estos días los guiones, tan abundantes en líneas rojas y cabezas cortadas. Hay más consultas a las bases en El Cantar de Mío Cid.

Contra ese masivo plante físico, tangible, con bien de tiendas de campaña incluidode una sociedad que se negaba a seguir siendo telepastoreada se han dictado estos años leoninas leyes y sentencias draconianas para regular, vigilar y castigar nuestro derecho a reunirnos en plazas, defendernos de la peor legislación hipotecaria de Europa, movilizarnos o expresarnos en las redes. Se aplican contra Alfon, tras un proceso bananero, medidas antiterroristas en prisión, o se denuncia y sanciona al sacerdote católico Joaquín Sánchez por pedir justicia en una sucursal bancaria, o se acumulan cargos para alargar las penas de Noelia Cotelo o Juanka Santana, y la erradicación de la represión ha desaparecido de la larga lista de líneas rojas con que nuestros líderes se atizan en busca de algo que ellos llaman 'victorias', y nosotros 'relleno de guión'. Vaya, fíjate, una cabeza que rueda. Hala, mira, ¿es eso un dragón? No, es el diputado que votaste. En plena representación.

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