Espacio abierto

Para entender a Venezuela

10.12.2015 | 04:00
Para entender a Venezuela

Decía Simón Bolívar que las buenas costumbres, y no la fuerza, son las columnas de las leyes, así como el ejercicio de la justicia es el ejercicio de la libertad. Lo que ha ocurrido esta semana en Venezuela es un acontecimiento histórico de una magnitud que todavía no somos capaces de comprender. Después de 17 años de chavismo (socialismo y ruina), la oposición del país americano ha sido capaz de obtener una mayoría de 112 diputados frente a los 55 del oficialismo. Esa ventaja, de dos tercios del total de la cámara, le otorga la capacidad de designar o destituir autoridades, promover reformas constitucionales, leyes orgánicas y poseer un poder fáctico que, si presupusiéramos que Venezuela fuera un país en el que se respeta el Estado de Derecho, le permitiría tener el control del futuro del territorio.

Tal vez se esté usted preguntando cómo es posible que en un país denostado internacionalmente por su violación flagrante de cualquier principio democrático haya permitido que la oposición obtenga tal margen. Es posible que piense que, en realidad, tal presunción se ha repetido una y otra vez sin sustento por parte de los medios de comunicación occidentales, y que estas elecciones son la evidencia que muestra la falta de sustento de la crítica constante.

Precisamente para evitar que la persecución, la escasez, la corrupción, el chantaje, la inseguridad jurídica y, sobre todo, los presos políticos caigan en el olvido, me propongo explicar en este artículo el qué, el cómo y el por qué de estas elecciones y sus resultados.

Comenzando por el qué, los comicios venezolanos de esta semana han sido los legislativos, es decir, los que eligen a los miembros del Parlamento del país. Su sistema político es presidencialista (como Estados Unidos, por ejemplo), lo que quiere decir que los ciudadanos tienen la oportunidad de elegir por un lado a los diputados y por otro a su presidente. Esto conlleva varias consecuencias: en primer lugar, una real separación de poderes entre ejecutivo y legislativo, con competencias definidas para cada uno de ellos y, por otro lado, tal y como ocurre en esta situación, existe la posibilidad de que el Parlamento tenga un signo político distinto al del presidente y que, por tanto, su poder de mandato se restrinja a mínimos. El hecho de que estas elecciones sean legislativas y no presidencialistas marca una de las claves de este análisis. Pese a que Nicolás Maduro haya perdido el control del Parlamento, los poderes que las múltiples reformas constitucionales le otorgan hace que, en la práctica, el golpe sufrido sea mitigado hasta un punto inimaginable en cualquier país occidental.

Continuando con el cómo, tal vez por una cuestión de justicia divina ha sido la reforma de la ley electoral propugnada por los chavistas la que ha otorgado tal mayoría a la oposición. Hace unos años, el mandatario Chávez redistribuyó los distritos de su país de una forma artificial (como si aquí, por ejemplo, eligiéramos diputado en una circunscripción que abarca únicamente y en conjunto los territorios de Murcia, Vigo y Jerez). Esta reforma pretendía consolidar el poder del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), dotando de mayor peso electoral a aquellos distritos en los que poseía mayor representación. Al existir un vuelco electoral en los feudos del chavismo, esta vuelta de tuerca ha conllevado la creación de una mayoría artificial para la oposición. Carecería de sentido que el Gobierno denunciara esta situación teniendo en cuenta que ha sido el propio oficialismo el que la ha propiciado sin, obviamente, pensar en las consecuencias de ello.

Por último, y lo más importante, la cuestión principal radica en el por qué. No contribuiría nada al conocimiento del lector si hiciera una enumeración de los males que acechan al país, que son de sobra conocidos por cualquiera que siga la actualidad internacional. Lo que nos interesa en este artículo es plantearnos cuál ha sido el motivo que ha llevado al Gobierno a mantener la calma, en una aparente contradicción con su retórica belicista contra la oposición. Aquí entra en juego un aspecto clave: el ejército.

No escapa a la opinión pública que el control de los mandos militares por parte de Nicolás Maduro no es tan efectivo como el que ejercía el Comandante Chávez, por motivos tanto de liderazgo como de confianza. El actual presidente confió el poder del ejército en la figura de Vladimir Padrino, el actual ministro de Defensa. Él era uno de los hombres de confianza del anterior mandatario y posee la auctoritas necesaria como para que su opinión sea la que los militares tengan en cuenta a la hora de seguir las órdenes del Ejecutivo. El problema en estas elecciones ha sido que, precisamente, Padino ha entendido que la mayoría era tan aplastante que el ejército no podía hacer frente a dos tercios de la población venezolana, por motivos tanto de seguridad como de patriotismo. En contra de la opinión de su propio partido (concretamente de Diosado Cabello, número dos de Maduro) ha sido el ministro de Defensa y, no otro, el que ha frenado la contienda belicista dejando sin capacidad de maniobra revolucionaria a Nicolás Maduro.

Comenzaba el artículo con una cita de Simón Bolívar, referente de la revolución venezolana, en la que decía que el ejercicio de la justicia es el ejercicio de la libertad. Hoy el país americano sigue siendo pobre, corrupto y carente de seguridad jurídica y personal para sus ciudadanos. La diferencia es que desde esta semana su Asamblea, al menos, es un lugar más justo. Y esto, en palabras del referente del chavismo, equivale a libertad.

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