Agua de mi aljibe

Pacto por la ecocultura

08.12.2015 | 12:52
Pacto por la ecocultura

El género humano ha dado suficientes muestras de que es tan capaz de crear las más hermosas de las composiciones artísticas, como de destruir en poco tiempo el más esplendoroso de los bosques, el Mar Menor o, ya puestos, el planeta entero. Cada día es más evidente que nuestra aldea común está en peligro y ya nadie se atreve a decir que aquí no pasa nada, que el mundo va bien y que los ecologistas son unos exagerados. Mientras los altos mandatarios se reúnen en París, para tratar de frenar el cambio climático y sus terribles consecuencias para el medio ambiente y la propia supervivencia de la humanidad, por nuestra parte hemos de ser conscientes de que también depende de cada uno de nosotros.

Nos hemos acostumbrado a una carrera de vértigo por alcanzar un eterno progreso insostenible. Cada vez queremos más, más rápido, más cerca, más cómodo, más novedoso, más rentable? Pero este tren de vida, repleto de gigas, está a punto de descarrilar si no ponemos medidas urgentes, valientes, drásticas, mundiales y también locales, familiares y personales. Nuestra Región, que aún conserva rincones naturales del paraíso perdido, pese al verde momentáneo de tantos chalés y de las explotaciones de agricultura intensiva, se acerca irremediablemente al blanco de la nada, o al rojo de Marte, a un horizonte cada vez más caluroso, seco e inhóspito. Hemos de abrir los ojos, pese a la euforia que produce ir a 200 kilómetros por hora, de nada nos va a servir si vamos cuesta abajo y sin frenos. Aún hay zonas de frenada de emergencia donde hemos de parar, pero en poco tiempo ya no habrá retorno. Es lo que le ocurre al Mar Menor, una joya del Mediterráneo, que puede tener sus días contados si no nos ponemos todos manos a la obra.

Recientemente, tras unas Jornadas sobre nuestra laguna salada, se ha constituido el Pacto por el Mar Menor, aglutinando a cientos de expertos, científicos, vecinos, universitarios, ecologistas, colectivos y ciudadanos que nos claman que la situación es agónica. Nuestra zona se ha convertido en un inmenso territorio donde, abanderando la riqueza agrícola, las grandes compañías, con sus inmensas explotaciones intensivas, lo mismo arrasan con aljibes y molinos de viento, que generan un gravísimo problema de vertidos de nitratos y de lodos que están matando el mar. Se han arrasado los cauces naturales de las ramblas, los márgenes ricos en especies animales y vegetales, los cultivos y arbolados tradicionales? Todo se nos está yendo de las manos y nos va a pasar como con la bahía de Portmán: se irán las empresas y nos quedará el desierto contaminado.

Aún quedan ejemplos de personas y colectivos que abogan por un modo de vida y una economía sostenible, que apuestan por la biodiversidad y la cultura ecológica. Por eso tenemos una cita obligada: El próximo domingo 13 tendrá lugar en Alumbres la III Feria de la Biodiversidad del Sureste. Es una magnífica ocasión para asistir toda la familia y disfrutar de un encuentro que será un soplo de aire puro y de esperanza: Stands de asociaciones culturales, ecologistas, de patrimonio, puestos de artesanía de la zona, venta de productos naturales y ecológicos, conciertos de músicas tradicionales como la de Manolo Luna y la Cuadrilla Maquilera, ruta etnográfica organizada por la Liga Rural, charlas y mesas redondas sobre ecoeconomía, contaminación el valle de Escombreras o sobre divulgación científica, talleres de manualidades y artes varias, cuentacuentos, teatro, biodanza? Estos encuentros de ecocultura del Sureste pretenden consolidar una apuesta por la economía verde en nuestro territorio y dinamizar las economías locales, potenciando un modelo económico, social y cultural que tiene en el medio natural, los servicios ecosistémicos, la salud de las personas, la conservación de los ecosistemas y el desarrollo de las ecotecnologías, los ejes centrales de esta apuesta de futuro que ya es la única posibilidad real de subsistencia. Es sostenible, es sano, es educativo y es divertido. El cuidado del entorno natural y cultural es una responsabilidad individual y colectiva, y nos urge. Nos vemos en Alumbres.

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