Pasado a limpio

Dejen que les diga

06.12.2015 | 04:00
Miguel Ángel Alcaraz Conesa

entro de unos días tendremos unas de las más reñidas e inciertas elecciones generales. Rompamos algunos tópicos: el pueblo no decide, no hay una voluntad popular, sino una suma de elecciones que determina al elector real. Tampoco los parlamentarios son verdaderos representantes, pues eso es un invento de la ciencia política, que no tiene nada que ver con la representación jurídica ni con el contrato de mandato. Y como no es jurídico, es etéreo. Eso no quiere decir que el Derecho sea matemática, muy al contrario, pero algunos principios están enunciados en latín y, aunque postclásico, siguen siendo más ciertos que las definiciones en cualquier lengua romance, que no son más que latín vulgar.
También de la lengua de los romanos viene la palabra persona, utilizada originariamente para las máscaras del teatro clásico, que en Roma incorporan una bocina tras la abertura de la boca per sonare, para hacerse oír. Y si lo miran bien, nuestra personalidad está formada por la careta que nos enmascara y que nos permite actuar en cada faceta de nuestra vida. Para actuar en el mundo del Derecho debemos tener reconocida nuestra personalidad. Pero igualmente, me pongo la de abogado cuando estoy en el foro, la de profesor en la Universidad y la de padre con mis hijos. Antes usaba la de marido, hasta que mi cónyuge decidió desenmascararme. ¿O fue ella quien se desenmascaró? Poco importa: han pasado más de diecinueve días y quinientas noches y también desnudé los fantasmas de la soledad. Ahora me pongo la de articulista: les propongo quitar la máscara a los políticos.
A la cabeza de los partidos que concurren a estas elecciones vemos a personas a las que circunstancias diversas han elegido, consagrado, digitalizado, sorteado, decantado o volcado como líderes. Y como la política tiene mucho del arte de Esquílo, de Sófocles y de Eurípides, debemos escrutar quién se esconde detrás de cada máscara.

Rajoy es un líder digital, porque fue elegido por el dedo de su anterior jefe. Su latiguillo es «España está saliendo de la crisis». Ésta es una máscara económica que merecería más pormenores, pues la Economía es vestida por una modista llamada Estadística y a veces hace falta cierta pericia para ver bajo la seda a la mona. Nadie mejor que ustedes mismos: miren a su alrededor si acaso vieron aquellos brotes verdes que contara otro iluminado. Las elecciones son en el limes del otoño y aún habrán de pasar las nieves hasta que Perséfone vuelva del Hades para hacer florecer la primavera. Insiste el PP en que debe gobernar la lista más votada, pero el ejercicio literario que les propongo es leer entre líneas este mensaje, pues lo que manifiestan es su incapacidad dialogante. La tuvo la derecha en otro tiempo, pero Mariano Rajoy no ha tenido habilidad ni para zancadillear a Zapatero cuando todos pedían una moción de censura.

Pedro Sánchez es un líder elegido temblorosamente en la ruleta rusa a que jugaron los barones autonómicos. En esta pajarera de halcones y palomas, está por ver el color de su plumaje porque su discurso es siempre comparativo: lo que ha hecho el PP y lo que siempre se dedicó a hacer el PSOE. Juega a marcar la carta de sus rivales, pues a codazos se disputa su espacio; por la izquierda con Podemos y por el centro con Ciudadanos. Del primero dice que sigue la estela que históricamente ha marcado el PSOE, olvidando que en la política, como en el deporte, hay equipos que hacen su juego y otros que acompasan el de los demás. Y en el teatro, un protagonista tiene que tener un discurso con el que construir sus diálogos, pues si se queda para las réplicas, seguramente no pasará de secundario. El PSOE, desde hace lustros, es experto en luchas cainitas, lo que no quiere decir que sean exégetas de la Biblia. Algunas heroínas esperan su tiempo propicio para cambiar el género. Si apeara el buenismo de la jerga de sexo en sus discursos, tal vez gane tiempo para decir cosas interesantes. Al menos, acortaría ciertas letanías que ya resultan cansinas.

Albert Rivera es una estrella emergente, star up le llaman en el moderno argot de las ciencias de la Mercadotecnia. Discurso fresco y vivo, propuestas arriesgadas pero trabajadas con la ambición de llegar lejos, para quien ha mostrado como mérito bregarse en el ambiente hostil de su tierra natal. Ya muestra cicatrices, pues es un partido que ha tenido que crecer de un embrión. Y el partido está nutrido de submarinos de UPyD y defenestrados que no rascan bola en el PP. No es poco el lastre, pues siempre el refrán de lobos como corderos perseguirá la banderola anaranjada. Y muchos esperan a ver el día después. Si Rivera es inteligente, deberá huir del abrazo del oso tanto como del perfume floral. Rajoy marca como exigencia que hayan sido al menos concejales para tener un mínimo de experiencia de gobierno, Rivera no lo ha sido, pero también conoce a algunos concejales del PP que pudieran guardarse su experiencia donde les quepa otro fajo, que de esos en Murcia ya conocemos alguno.

El partido de Pablo Iglesias nace como un precipitado de laboratorio. Experimento químico en una Facultad de Letras. Se auparon a la ola de los movimientos ciudadanos y colacionaron indignación en el discurso asambleario. El modelo soviético de soberanía de la asamblea quiebra en su superdemocracia dirigida con hilos de marionetas. Ha rebajado su discurso incendiario para ganar electores en el caladero socialdemócrata, aprovechando que el PSOE amuró de babor hacia mares de sargazos grupusculares, donde más que de bonanza, goza de calma chicha adormecedora. Parece que con espantar a los grillos de su propio partido tiene trabajo por delante, que su único bozal es que su propio discurso, inteligente y sibilino, se imponga al vocerío.

Dos defenestrados de los medios son Alberto Garzón, cuando IU tiene una voz reposada y juiciosa, y A. G. Herzog, cuando a UPyD la enterraron en vida. Esos vientos mediáticos que dejan de lado el trabajo paciente del alquimista me suenan a mano invisible, pero no la de Adam Smith. Éste mantenía cierto discurso confesional, pero me huelo que no sea la mano de Dios, sino la negra de las finanzas, que quita y pone rey porque siempre sirvió a un mismo señor.

Dejen que les diga: ustedes deben ver quién se esconde detrás de las máscaras, no se dejen vencer por el desencanto ni el conformismo, por el más vale malo conocido. Pues si piensan eso, no se sorprendan de que tengamos más de lo mismo. Recuerden cuál fue su idea antes de que el político al que votaron ocupara los titulares. ¡Llevamos hablando de regeneración política desde hace tanto!, pero ahora nos toca ser rigurosos con quien no cumple y exigir de César y de su mujer no sólo la apariencia de honradez, sino la decencia contrastada. Y no perdamos tampoco el recurso a la utopía, pidamos lo imposible, tal vez no alcancemos el paraíso, sino un mundo plausible. No dejen que la política se convierta en el derrumbe de un sueño.

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