Tribuna Electoral

La esperanza de la gente. Un nuevo país para nuestra Región

03.12.2015 | 00:44

a gente de nuestra región necesita un nuevo país que sienta como propio. Un nuevo país que garantice realmente el derecho a un trabajo estable, a una vivienda habitable, a una educación y sanidad públicas de calidad y, finalmente, a unas prestaciones sociales suficientes para vivir con dignidad. Para esto es necesaria la construcción de una nueva realidad política y social que recoja, como una prioridad esencial, la necesidad de atajar la enorme y creciente desigualdad de nuestro país. Y, asimismo, de la Región de Murcia, que padece una parte importante de esta insoportable inequidad socioeconómica.

Estamos a la cola en salarios y pensiones de nuestro país, en pobreza infantil, en familias sin recursos económicos ni prestaciones sociales. Además, nuestra región sufre un indeseable número de desahucios que arroja a la calle a familias enteras vulnerando sistemáticamente el artículo 47 de nuestra Carta Magna. Por otra parte, nuestra región ha sido sistemáticamente postergada y castigada en inversiones necesarias que la sacasen de su ostracismo económico. A las ya tradicionales y recurrentes exigencias de la finalización de la Variante de Camarillas hemos de añadir las de la regeneración de la Bahía de Portmán, la conexión ferroviaria con Andalucía o un Plan Lorca de verdad para recuperar esta emblemática ciudad castigada por el terremoto, la crisis económica y las inundaciones, en estos dos últimos casos junto con Totana y Puerto Lumbreras.

Son muchos los ejemplos de olvidos deliberados por parte de los sucesivos Gobiernos de España y creemos que ha llegado el momento de decir basta con un Gobierno de la gente para la gente.

La gente necesita esperanza, pero una esperanza sostenida con propuestas concretas, viables y creíbles. Propuestas que se apoyan indefectiblemente en una reforma fiscal progresiva y en la dotación de más recursos y competencias a la Agencia Tributaria. Si no hay solidaridad fiscal no hay nuevo país que valga. Por ello, la justicia fiscal, que ya alcanzaran los países nórdicos en gran medida, es la clave de bóveda del programa de Unidad Popular-IU.

Con la justicia fiscal podríamos hacer efectiva la propuesta de trabajo garantizado. Ésta es viable y deseable para la recuperación urgente de la actual depresión socioeconómica. Es una propuesta que reactivaría la economía creando más puestos de trabajo socialmente útiles y, por tanto, incrementando la demanda. La recaudación fiscal del Estado mejoraría y se podrían afrontar nuevos retos como el necesario cambio de modelo productivo de nuestra región y de nuestro nuevo país. Un modelo sostenible medioambientalmente, basado en la excelencia del conocimiento y la inversión en investigación. Pero ¿por qué no se aplican estas ideas? Fundamentalmente porque implican un reajuste de la relación fiscal a favor de las rentas del trabajo en detrimento de las rentas del capital.

Y aquí es donde se dan las resistencias. La banca, las multinacionales de la energía, las grandes compañías de las telecomunicaciones? no quieren ceder un ápice de sus jugosos beneficios. Pero es posible y necesaria una nueva región y un nuevo país. Y esta posibilidad sólo se puede llevar a cabo desde un pacto con la gente que huya de esa obsesiva fuga hacia el centro. En el centro sólo encontraremos el frío vacío de la continuidad del statu quo, eso sí, con mucha apariencia estética de cambio.

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