El contenedor

Academia breve

08.11.2015 | 04:00
Juan B. Sanz

En la pequeña sala de la Fundación Cajamurcia, en la Plaza del Cardenal Belluga de la capital, se expone una mínima (por cantidad) obra del maestro de la escultura murciana Juan González Moreno. La excusa es el tratamiento de la figura por parte del artista pero yo quiero ver aquí la esencia misma de la memoria, un recado a la posteridad del arte; quiero ver un sentimiento de reivindicación de su figura; algo tan necesario como urgente. Prisa y desencanto lleva la vida social para que nos olvidemos de la importancia y trascendencia de ese complemento para el alma que es la escultura en este caso. Y sin ponernos demasiado graves pero sí serios, convoco al estudio y revisión imprescindible de muchos artistas murcianos; de la generación de los años 20, de la Guadiana, de la brillante posguerra de la miseria cultural. No olvido el olvido de la obra de Planes, que espera pacientemente su momento. ¿Qué momento?

La exposición de González Moreno es breve, intensa si se sabe multiplicar la apariencia. Nueve dibujos al carbón, sobre los papeles que se utilizaban en el Círculo de Bellas Artes; siempre los dibujos de manos de escultor laten en la corporalidad de los volúmenes; esto tienen los de este artista de la tierra, nacido en la huertana Aljucer. A los dibujos acompañan tres esculturas, dos de ellas en bronce que se exhiben de forma duplicada, enseñando parte de las formas permanentes de la fundición a la cera perdida. Una idea muy aprovechable para el buen entender del procedimiento. Una escayola de buen tamaño cierra o abre, según se mire, este recuerdo insigne al ilustre maestro. Las obras pertenecen al MUBAM y vienen a recordarnos su existencia, como también la exposición permanente que del mismo artista se muestra en el coro de la iglesia de San Juan de Dios, pidiendo a diario un lugar más acomodado a la verdadera dimensión del escultor. La literatura, en unos paneles complementarios en las paredes de la muestra, nos ayudan a dulcificar y entender la sensación amorosa del reencuentro.

No acabará el año sin dos exposiciones importantes en la capital. En el mencionado Museo de la Trinidad, la antológica de José González Marcos, también escultor, recientemente desaparecido y que nos conducirá por el mismo barroco itinerario artístico de su tío, González Moreno. En el Almudí se recordará el aniversario de la muerte de José Antonio Molina Sánchez con una exposición con cerca de cien obras significativas del pintor magnífico. No seamos nunca humo dormido, frágil y esmerilado fantasma de lo que somos y fuimos.

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