Con gusto

Corrección política

11.10.2015 | 04:00
Emilio Piera

Cada vez que reclaman, como se pide ahora para la Federación de Municipios y Provincias, la presencia de más mujeres en órganos de dirección política „pretensión legítima, pero anecdótica„ procuro recordar que no es lo mismo las mujeres, que ciertas mujeres, habitualmente bien situadas, ambiciosas. Mientras tanto, en la programación completa de algunas teles se fomenta un tipo de mujer pajarita, más preocupada por el peinado que por lo que hay en el interior del cráneo. Y lo que es más grave: la crisis ha servido de excusa para agrandar aún más la brecha entre el salario de las mujeres y el de los hombres.

Eso se dice poco. Poquísimo: claro, sería entrar en materia, cosa que la corrección política evita cuidadosamente. La corrección política es religión idiota de un tiempo idiota y se puede resumir en un mandamiento: ni una mala palabra, ni una buena acción.

La corrección política es el intento de sofocar la libertad de palabra allí donde, gracias a Dios, ya no existen ni tiranías laicas ni teocracias con inquisidores. Por ahora. La corrección política es animalista pero come carne, considera el nacionalismo catalán justo y el español una aberración, sostiene que se pueden criticar las decisiones de cualquier gobierno, excepto el de Israel porque entonces, amigo, quizás estás cayendo en la juedofobia (mal llamada antisemitismo porque los moros, también son semitas).

La corrección política supone que no hay hecho de mayor importancia que la llegada de una mujer a la dirección de Le Monde (ya ha ocurrido) o de un negro elegantemente descolorido, mucho menos atezado que Julio Iglesias, a la presidencia de EE UU, como si el símbolo fuera categoría y la categoría, realidad.

Decía Jünger que en la edad de los titanes, ésta, los hechos serán más importantes que la poesía que los canta (al contrario de lo que ocurrió en Troya). Y otra cosa: los hechos que uno promueve son arriesgados y comprometen, más práctico es cabalgarlos según llegan y conducirlos en provecho propio. Mariano Rajoy no es el único que deja que las cosas se pudran. Corrección política.

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