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Goya de Honor

09.10.2015 | 13:56
Goya de Honor

El Goya de Honor de este año será para Mariano Ozores. Bien hecho. Director de casi cien películas, ahora saldrán de debajo de las piedras los que aplaudan y veneren a un director que durante años ha sido repudiado, apartado, insultado y menospreciado. Padre del destape y responsable de casi todas las películas de Pajares y Esteso, su cine, todos estamos de acuerdo en esto, no era bueno, pero tenía algo que hoy escasea mucho en nuestra cinematografía. En primer lugar, hacía dinero, por aquella época sí había industria del cine español. Y, en segundo lugar, a veces olvidamos que es muy difícil no aburrir y Ozores nunca aburría y lo hacía además dibujando el que probablemente sea el perfil más aproximado y realista del español medio de la época, aliñándolo de ácidas críticas políticas y sociales. En realidad no se le escapaba una a Ozores.

Los Ozores, Mariano y su hermano Antonio, organizaron su filmografía en torno a esta idea. De hecho, un ejemplo muy gráfico de como Ozores quedó relegado a una tercera o cuarta fila fue la serie de televisión El sexólogo. La ficción planteaba la consulta de un especialista en relaciones sexuales por el que desfilaba una variopinta colección de personajes cada cual más desequilibrado que el anterior. La serie, cuando todavía estaba en proceso de rodaje, ya fue utilizada como arma política arrojadiza por un diputado de Izquierda Unida que la calificó de «telebasura pura y dura», entendemos que sin haberla visto aún.

Tras su primer episodio el mismísimo Instituto de la Mujer exigió su retirada por «sexista» y CC OO emitió un comunicado lamentando que el ente público TVE hubiera invertido 390 millones de pesetas en su producción. Y, por si fuera poco, la ministra de Asuntos Sociales de la época, Cristina Alberdi, la calificó de «deleznable por hacer apología de la violación». Ahí es nada. Como ejemplo palmario de la «despreciable ideología» que propagaba El sexólogo se recurría con frecuencia a una frase que Ozores puso en boca de Florinda Chico: «Todas las mujeres llevamos dentro una furcia».

No me pregunten por qué, pero a mí esta frase me recuerda mucho a otra ilustre cita de otro gigante del cine, eso sí, en otro paralelo y hasta en otra dimensión, Alfred Hitchcock. El director de Psicosis dijo aquello de que una mujer «debe ser una dama en la calle y una prostituta en el dormitorio». Que yo sepa nadie canceló un estreno de un filme de Hitchcock pero claro, no es lo mismo apellidarse Hitchcock que apellidarse Ozores. En efecto es una cuestión interdimensional.

No cabe la menor duda de que el cine de Ozores era machista y sexista, de eso se trataba, ese era su juego. Uno podía aceptarlo o no, nadie estaba obligado. A los hombres les hacía gracia ver con qué pasmosa facilidad uno podía echar una cana al aire con la vecina del quinto que, cosas del cine ozoriano, era un bombón. Y a las mujeres les hacía gracia contemplar el comportamiento descerebrado, casi simiesco, del hombre ante el género femenino. Era tan estúpida una cosa como la otra, sólo había que entenderlo.

Parece que ahora el mundo del cine y TVE (que canceló El sexólogo que no pasó de su segundo episodio) va a hacer de tripas corazón y va a coronar a Mariano Ozores con un Goya de honor. Me muero de ganas por escuchar el discurso del director. Cuando se armó la gorda casi nadie salió en defensa de Mariano Ozores, solo unos pocos, como Luis García Berlanga, que puntualizó que aquél escándalo parecía «heredero del maccarthysmo». Y también, justo es admitirlo, Jordi García Candau, por aquel entonces presidente del ente público que aunque se vio obligado a anunciar ante el Congreso, solo una horas antes de la emisión del tercer capítulo, su cancelación afirmó: «Yo he visionado varios capítulos y les aseguro por mi honor que no contienen sexismo ni agresión a la mujer».

El caso es que después de El sexólogo, Mariano Ozores nunca volvió a ponerse detrás de una cámara. Hace unos años, preparando un documental que nunca llegó a materializarse hablé por teléfono con Mariano. Tras una agradable conversación me despedí diciéndole: «Gracias por tantas horas de diversión y carcajadas». Y él me respondió amablemente: «No hay de qué, sólo hacíamos nuestro trabajo».

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