Relato

El pañuelo de mamá

29.09.2015 | 08:05
Antonio Abril Martínez

Víctor, hoy te voy a contar la historia del pañuelo de mamá. Todas las mañanas, antes de levantarme para ir al colegio mamá entra en el cuarto de baño y se pone su pañuelo. Con ese pañuelo, Víctor, mamá coge súper poderes para todo el día. En cuanto se lo pone se acerca hasta la cama y me llena de besos por toda la cara, besos de esos que te hacen sonreír porque parece que te los estén dando en sueños, es uno de sus súper poderes que más me gusta. Después llega hasta la cocina para hacerme un súper biberón especial que está buenísimo y siempre sabe igual porque siempre lo hace con el mismo cariño. Mientras me lo bebo mamá empieza a vestirme y a prepararme para el colegio. Ella también se arregla porque le encanta llevarme al cole. A diferencia de otros superhéroes mamá no oculta su identidad y va por la calle con su pañuelo de poderes para que todo el mundo pueda verlos. Cuando vamos a cole algunas personas la miran porque no están acostumbrados a ver a personas con poderes y tienen un poco de envidia, Víctor. Ya en el cole, mamá vuelve a llenarme de besos y luego está un rato mirándome por la ventana. Ese es uno de los mejores momentos del día porque, aunque no la mire, aunque no la vea, se que está ahí y me encanta.

Otro de sus súper poderes es que lo adivina todo porque cuando salgo del colegio ya está ahí. Yo salgo corriendo para abrazarla porque, aunque ya sea muy mayor, también la echo de menos. En cuanto llegamos a casa me hace la comida y me pone los dibujos animados que más me gustan y enseguida se sienta conmigo para darme la comida. La verdad es que yo ya sé comer solo pero me gusta mucho que me la dé ella porque cuando acabo me dice que soy un campeón y me canta una canción. Nada más terminar de comer, mamá se cansa mucho porque los poderes del pañuelo no duran todo el día y hay que recargarlo y eso, Víctor, se hace durmiendo. Durante un buen rato mamá duerme para que su pañuelo reponga energías mientras que yo la miro y le doy besos porque ese es el momento del día que me toca cuidarla. En ese momento la miro mucho y le acaricio la cara porque si ella lo nota sonríe y eso me encanta.

Cuando mamá se despierta siempre me pregunta si he dormido y yo le digo que sí para no preocuparla y entonces merendamos. La merienda siempre está muy rica y la tomamos viendo la tele o leyendo un cuento y después jugamos durante muchas horas. Ese es el mejor poder de mamá, sabe jugar a todo lo que le propongas: plastilina, colorear, carreras de coches y cuando crees que ya te has divertido bastante te lleva al parque a dar de comer a los patos. En cuanto llegamos al parque nos persiguen porque saben que vamos cargados de pan duro, Víctor.

Cuando se empieza a hacer de noche volvemos a casa para bañarme con mis juguetes preferidos y cuando termino, aunque siempre quiero seguir jugando, pienso siempre en el abrazo fuerte que me da mamá mientras me enrolla en la toalla. Es un abrazo muy calentito que hace que te seques casi al momento. Entonces llega el momento de la cena justo casi en el momento que el pañuelo necesita de nuevo una recarga. Nada más terminar le digo a mamá que ya está oscuro y nos vamos a la cama. Ya sé que tengo tres años y debería dormir solo pero, aunque mamá no lo diga, le encanta compartir la cama conmigo. Antes de apagar la luz mamá viene con otro biberón y se quita el pañuelo porque por las noches las recargas se hacen fuera de la cabeza. Ese es de lo pocos ratos del día que mamá está más guapa que nunca. Le veo toda la cabeza y esa sonrisa de lado a lado que le ocupa toda la cara. Papá dice que pronto le saldrá el pelo otra vez, pero ya me he acostumbrado porque sin pelo sus ojos son más grandes y cuando me miran siempre parecen felices. Me abrazo a ella y cerramos casi a la vez los ojos.
Me han dicho que hoy es el día en el que te voy a conocer, Víctor, y por eso he creído que debía contarte esta historia para que sepas que tenemos una mamá con súper poderes, una mamá que puede con todo y que, seguro, cuando te pongan en sus brazos te va a sonreír mucho y verás esos ojos de los que te hablo y esa felicidad en su cara.

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