Catalunya Sí que es Pot, un modelo

26.09.2015 | 04:00
Catalunya Sí que es Pot, un modelo

La relación de las clases dirigentes de Cataluña con el resto de España ha sido una historia de permanente desencuentro. En mi columna de La Opinión de finales de 2009 intenté una breve aproximación al fenómeno del independentismo catalán enraizándolo en ciertos hechos históricos (el Corpus de Sangre de 1640, el bombardeo de Barcelona por el duque de Berwick en septiembre de 1714, el protagonizado por el regente Espartero en 1842?) que, en la medida en que perviven en la memoria colectiva, es indudable que pueden haber contribuido a ahondar el sentimiento de agravio de Cataluña respecto de Madrid. Pero esos hechos históricos, por sí solos, no justificarían el apoyo de ciertos sectores sociales a la independencia de Cataluña. Para entender el impulso soberanista actual, del que Artur Mas y sus socios de Esquerra aparecen mediáticamente como sus cabezas visibles, hay que sondear otras causas.

Es innegable que en Cataluña existe un claro sentimiento antimonárquico, que se traduce en un hastío del régimen impuesto por la Transición, hoy en cuestión por la pervivencia de un largo bipartidismo y, sobre todo, por los escandalosos casos de corrupción. Corrupción que también está muy presente en Cataluña. Eso explicaría el impulso soberanista de Artur Mas, junto con la necesidad de ocultar su nefasta gestión: tasa de paro en torno al 21%; una deuda que supera los 67.ooo millones de euros, pese a la creación de nuevos impuestos y al aumento del tramo autonómico del IRPF de Cataluña; un brutal recorte de los servicios sociales y de plantillas, con una pérdida de empleos en Sanidad de más de 3.000 personas desde 2010, y en Educación de 4.125 personas desde ese mismo año?

Pero el independentismo ha sido alimentado también por causas exógenas. A título de ejemplo, las distintas sentencias del Tribunal Constitucional (TC) bloqueando o anulando las disposiciones dictadas por el Parlament de Cataluña. Para Gerardo Pisarello, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Barcelona, la sentencia del TC de 25 de marzo de 2014, declarando inconstitucional el apartado de la declaración soberanista catalana que aludía expresamente al carácter de sujeto político y soberano del pueblo de Cataluña, supuso la renuncia a «ensayar una concepción más actualizada de la soberanía», permitiendo dar cabida a nociones como la de la soberanía compartida. Con respecto a la separación categórica del derecho de autodeterminación del derecho a decidir, el TC reconocía la constitucionalidad de este último, pero remitiéndolo a una reforma de la Constitución que en ningún punto de esa sentencia se establecía que había de ser previa a cualquier consulta. Una cuestión ésta no baladí, pues ya conocemos las enormes resistencias del ejecutivo central a emprender reformas constitucionales.

En este contexto, las elecciones catalanas de mañana vienen rodeadas de un evidente clima de crispación, alimentado estos últimos días con la nada disimulada injerencia en la campaña electoral de la UE, empresarios, la Banca, el presidente Obama? lo que, junto con la intensa campaña mediática indudablemente orquestada desde el Gobierno central, está dando alas a los sectores independentistas.

Empero, además del frente soberanista y del que podríamos denominar 'españolista', en las elecciones catalanas del 27S entran en liza otros actores. En el ámbito de la izquierda, conocida la evidente postura proclive a la independencia de la CUP (Candidatura de Unidad Popular), liderada por Antonio Baños, hay que fijar nuestra atención en la candidatura Catalunya Sí que es Pot (CSQEP) encabezada por el dirigente vecinal Lluís Rabell, por lo que supone de apuesta por un cambio trascendente sin poner el acento prioritariamente en el independentismo, y por lo que tiene de continuidad con las listas municipalistas de confluencia ciudadana que, el pasado mes de mayo, se alzaron con el poder en no pocos Ayuntamientos importantes (Madrid, Barcelona, Zaragoza, A Coruña, Santiago de Compostela?).

CSQEP, en la que se integran Podemos, EUiA (Izquierda Unida), Iniciativa (ICV) y Equo, mantiene sin haber cerrado del todo ese debate una posición confederal, pero propugnando claramente el respeto hacia los otros pueblos de la península y evitando enfrentamientos estériles y, en muchos casos, inventados, para, dicen, «ocultar la explotación común de clase y la desposesión de la mayoría». Compatibilizando los principios de la autodeterminación y el internacionalismo, CSQEP defiende una soberanía popular capaz de articular respuestas contra quienes realmente, por encima de los Estados, deciden sobre las vidas de la gente: FMI, UE, Banco Central Europeo...

Así pues, en una Cataluña aparentemente polarizada entre posiciones nítidamente independentistas y no independentistas, CSQEP emerge como una tercera vía, un ejemplo a seguir y, por qué no, a extender a otros territorios del Estado, con la vista puesta en las próximas elecciones legislativas de diciembre. He citado arriba los precedentes, exitosos, de las últimas elecciones locales. Junto con aquellas candidaturas municipales, cuya continuidad se da hoy con la fórmula Ahora en Común, este espacio de confluencia en Cataluña es uno de los modelos a seguir.

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