Al paso

La barbarie

18.09.2015 | 04:00
Toni García Arias

De un modo sencillo, podemos decir que una tradición es cada uno de esos acuerdos que una comunidad considera dignos de formar parte integral de sus costumbres. A lo largo de los siglos, las tradiciones aparecen y desaparecen a medida que las costumbres de los pueblos cambian y que las culturas avanzan. Dentro de las tradiciones, tienen una especial relevancia aquellas que están basadas en la barbarie y la crueldad. Desde los sacrificios humanos, pasando por la ablación de clítoris, hasta quemar a la mujer cuando muere el marido han resistido los siglos de una manera desconcertante. Lo mismo podríamos decir de aquellas tradiciones donde se torturan animales.

En un país tan avanzado culturalmente como Dinamarca, por ejemplo, en las islas Feroe, existe un ritual donde miles de jóvenes matan brutalmente con cuchillos y ganchos a un millar de ballenas y delfines cortándoles el cuello y dejándolos agonizar entre gritos y sollozos. Los defensores de esta tradición señalan que es el modo de festejar que los jóvenes llegan a la madurez, y que la matanza da sustento a la Isla, que vive de esa carne. Sin embargo, que no dejen asistir a ningún extranjero y las imágenes que se han logrado captar hacen pensar que la brutalidad del acto es absolutamente innecesaria.

Sin embargo, hay tradiciones muchísimo más crueles. Por ejemplo, cada 6 de marzo, en algunos pueblos de Bulgaria se celebra una tradición conocida como ´El giro del perro´. En las orillas de un pequeño río, generalmente poco profundo, se instalan dos pilares y entre ellos se tira una cuerda. Los organizadores del evento inclinan los pilares hacia el centro del río y giran la cuerda varias veces en torno al eje hasta formar un lazo en el extremo. Luego toman a un perro seleccionado para participar en el ritual, y a través del cuello, le ponen el lazo que se fija a su pecho. Después de colocar al perro en la estructura empiezan a poner rectos los pilares inclinados que, al enderezarse la cuerda, hacen girar al animal a gran velocidad. Al final de los giros, la cuerda se afloja y el perro cae al agua.

Según los defensores de esta tradición, este ritual ayuda a prevenir la rabia y alejar a los malos espíritus. Además, señalan que a los perros no les pasa nada, aunque muchos de ellos mueren ahogados o por heridas en los órganos internos. Además, no cuentan que a los perros se les tapa el ano y se les atiborra durante días para, llegado el día del giro, destaponarlos para que el perro suelte todos los excrementos por el aire, ya que entienden que a mayor cantidad mayor suerte en el cultivo.

Sin embargo, de las diez tradiciones más crueles con los animales en el mundo civilizado, seis se festejan en España. De hecho, en nuestro país existen unas 16.000 fiestas donde se maltratan animales. La más brutal de todas ellas es la ya famosa del Toro de la Vega. Le siguen otras como El Toro Júbilo, Los Toros Ensogados, El Toro de San Juan, Patos al Agua y Las Corridas de Gansos. Como no podía ser de otro modo, existen infinidad de personas que defienden estas tradiciones por diferentes razones, especialmente por los años de antigüedad.

No voy a entrar en la polémica sobre estar a favor o en contra de este tipo de festejos. Desde el punto de vista legal, son fiestas donde se maltratan animales. No hay mucho más que discutir. Desde el punto de vista moral, asusta pensar que entre nosotros existan seres humanos capaces no solo de asistir, sino de disfrutar escuchando los gritos de dolor de un animal y viéndolo morir envuelto en sufrimiento y sangre. Su falta de empatía, sencillamente, da escalofríos; tanto, que resulta extraño e irónico creer que seamos nosotros precisamente los animales más evolucionados.

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