Amor a presión

La ruta de los tres pasos

15.09.2015 | 04:00
La ruta de los tres pasos

Llamadme optimista, pero yo no comparto esa idea común que dice que estamos insensibilizados al dolor ajeno, o que vivimos en una burbuja occidental de egoísmo consumista que nos impide empatizar con lo que ocurre fuera. Me reafirma en mi opinión la corriente generalizada de solidaridad ante las catástrofes migratorias de este verano, a las puertas de una Europa blindada y altiva que sin embargo muchos de sus ciudadanos tratan de subvertir.

El problema, creo yo, no reside en que Europa carezca de corazón, porque lo tiene y sano. El problema está en el hiato entre ese corazón y la gobernanza del continente, en la distancia, tal vez no tan insalvable, que percibimos entre la humanidad y el sentido común de la gente de a pie, por un lado, y una toma de decisiones muchas veces alérgica a ambas, por el otro.

Resulta más que evidente la forma torticera en que nuestras élites simulan reaccionar con medidas solidarias a la catástrofe humanitaria, canalizando así nuestro horror y nuestra empatía, mientras se dedican al mismo tiempo a reforzar ese hiato que protege su poder de la voluntad popular. La ´crisis de los refugiados´ se está salvando, políticamente, mediante el recurso de las ´cuotas de asilados´ por países, que equipara a estas personas con residuos tóxicos, cuando no directamente con obscenos proyectos de intervención militar. Comparad esas ´soluciones´ con las que está planteando la ciudadanía al ofrecer directamente sus casas y tendréis la clave del asunto.

«Refugees Welcome», reza una inmensa pancarta sobre la fachada del ayuntamiento de Madrid. Pero no. De rezar nada. Si algo estamos aprendiendo últimamente, de forma acelerada, es que el poder no cambia solo ni atiende a nuestras plegarias. Pero sí se puede recuperar. ¿Y esa distancia insalvable entre la gente y las instituciones? Apenas tres pasos, si los damos largos, ahora, y en común.

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