Pasado a limpio

Desayuno con diamantes

14.09.2015 | 04:00
Miguel Ángel Alcaraz Conesa

Amable lector: ¿acaso no ha soñado alguna vez con entrar a Tiffany´s y comprar un diamante a su pareja? Abra un periódico de este verano y lea sobre la venta de inmuebles low cost propiciada por ayuntamientos despoblados. En algunos casos se oferta el pueblo entero a un precio razonablemente barato, por menos de lo que pagamos por un piso en el centro de una ciudad como Murcia. Al margen de los estudios de la moderna Geografía Rural, la despoblación del campo sigue su curso implacable, pese a que la crisis haya despertado a Fray Luis de León de su letargo:

¡Qué descansada vida
la del que huye del mundanal ruido
y sigue la escondida senda
de los pocos sabios
que en el mundo han sido!

El beatus ille de Horacio en una recreación de Las Geórgicas de Virgilio tiene su pequeña trampa, porque éste, que conocía bien el campo de su Módena natal, prefería ver, desde el Janículo al atardecer, la Roma engrandecida por su admirado Augusto, pasear por el Trastévere hasta cruzar el Tíber hacia el Palatino, por el puente donde se hiciera fuerte Horacio Cocles. Yo, más bien como Mecenas, preferiría comprar un banco. Para empezar, es mucho más barato. Les explico cómo se hace, aunque para ello tengamos que hacer un flash back:

Primer acto: se busca una caja de ahorros propicia, una que invirtiera mucho en tiempos de la burbuja inmobiliaria. El nivel de riesgo de sus activos a medio y largo plazo se incrementará considerablemente. Es lo que nos ha dejado la crisis de las subprime, las hipotecas basura. Se sobrevaloraron los inmuebles y se concedieron préstamos hipotecarios, sin importar los niveles de renta, las garantías reales tenían la levadura de un mercado inflacionista absolutamente desbocado, ni los de arraigo. Pero eso no importó a los bancos, sobrados de envenenados por la econometría. La moderna Meteorología construye modelos predictivos con algoritmos matemáticos; pero aunque hace tiempo que desterró las cabañuelas, tiene conciencia de su falibilidad, pues no es el papa. En cambio, la Economía, ciencia más moderna y engreída, utiliza similares métodos, mas confunde ´debe de ser´ con ´debe ser´. Embelesada con la teoría del caos, quiere explicar que el vuelo de una mariposa en los Jardines Imperiales de Kioto puede provocar un huracán bursátil en Wall Street, sin que se haya movido una hoja en Central Park, en el mismísimo Manhatan.

Segundo acto: después de la parodia de los stress test, algunas entidades financieras se vieron en peligro. La contabilidad no deja de ser un procedimiento de valoración de activos y pasivos empresariales, sometido a reglas basadas en meras convenciones, con tendencia a utilizar criterios conservadores que evitarían especulaciones artificiales en la valoración de los inmovilizados. Así, los inmuebles se amortizan, de manera que su valor permanecerá constante en relación con el precio de adquisición, huyendo con ello de la evanescencia de los mercados –como el matrimonio amortiza el amor ya conquistado, lo cual no deja de ser fuente de desagradables sorpresas en la bolsa del corazón–.

Permítanme que insista en otras reglas contables, pues todos los medios de producción no se contabilizan igual. Así, cualquier máquina utilizada en el proceso productivo es valorada en el activo. Convendremos en que una empresa sin personal no tiene ningún valor. Pero, ¡oh paradoja! los trabajadores sólo son contabilizados en el pasivo, como coste, tanto por salario como por cotizaciones, un tributo que no cuenta en la presión fiscal, todo son convenciones normativas. Sin embargo, un empleado de banca es un trabajador altamente cualificado, formado específicamente en unos métodos de trabajo y con una capacidad de captación de clientela que los bancos conocen y aprecian, aunque nunca lo manifiesten. Si no fuera así, el Sabadell no habría conservado la mayoría de los clientes de la CAM. ¿Por qué no computarlos en el activo como hacen los clubes de fútbol con sus estrellas? Porque no saldrían las cuentas.

Tercer acto: La mayoría de las cajas de ahorros invirtieron en activos sobrevalorados que fueron rectificados a la baja y estimada su situación como preconcursal. La caída de Lemahn Brothers justificó la idea del rescate de la banca como medida necesaria para evitar el colapso financiero –¡bienaventurados los crédulos!–. Los rescates sirvieron para sanear la banca, nunca para reactivar el crédito, que era la excusa inicial. En España se promovió la reconversión de las cajas en bancos y así, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, limpiar los chalaneos políticos de los reyezuelos taifas. Gran obra de ingeniería financiera al servicio del poder político y económico, que jurídicamente es una chapuza impresentable, acordada por PSOE y PP, interesados en lavar la cara de sus corrupciones, con la vergüenza de los minoritarios, que también tenían las manos manchadas. Y de los sindicatos, mejor no hablar, porque no han servido ni para defender a sus afiliados afectados por los ERE. Las normas jurídicas que han empleado para este fin no podrían pasar un examen de primero de Derecho, ausentes de toda seguridad jurídica.

Cuarto acto: el Banco de España con sus inspectores –eficaz instrumento para esta redada mafiosa– asalta una caja de ahorros controlada por el partido contrario al Gobierno, se interviene contando en el diario de mayor difusión nacional atrocidades que eran sobradamente conocidas por su Gobernador. Nadie va a discutir nada, porque quien pudo hacerlo tenía demasiados problemas legales y de sastrería como para andar tosiéndole al Gobierno del Estado desde su taifa levantina.

Y el proceso termina con el acto final: una vez intervenida, inyectada de cantidades de dinero que no sabemos contar para sanearla, procedentes de fondos que estaban destinados para garantizar los depósitos de los ahorradores (FROB) –eso no es un hurto de uso, porque si lo hace el Gobierno apoyado en normas ambiguas, incluso algunas reformadas a posteriori, se llama proceso legal, chapuza en el resto de los idiomas–. Y finalmente, se saca a una subasta restringida en la que sólo pueden participar los amigos, los bancos.

Si es usted banco, es decir, amigo de cualquier Gobierno, podrá pujar sabiendo que el Tribunal de Defensa de la Competencia no se mete en esos enjuagues. Por un solo euro tres entidades financieras han sido vendidas a tres bancos nacionales, alguno incluso pez chico que se ha comido al grande. Cualquiera de nosotros habría pagado lo que cuesta un almuerzo por alguno de esos tres negocios tan ruinosos y tan públicamente saneados. Menos que un pueblo abandonado. Y esas entidades ya están dando beneficios sin devolver ni un euro de lo que se gastó en reflotarlas.

Por una peseta
se va en el vapor,
se come y se bebe
y se ve la función.
Y el que no la tiene
no va en el vapor,
ni come ni bebe,
ni ve la función.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine