Memoria de los dichos

Echar, sacar el jámago

13.09.2015 | 04:00
José Quiñonero Hernández

Cuando los habladores informales quieren dar cuenta de una realidad fuerte, dolorosa o detestable, no dudan en manipular los vocablos para, cambiando o añadiendo ciertos sones, subrayar lo que encierran. Tomen nota, por ejemplo, del soso (h)ámago, que nombra el residuo correoso y amargo que las abejas mezclan en el panal con la dulce miel, cuyo gusto desapacible parecía potenciarse si le llamábamos jámago. Y mucho más si lo utilizábamos como imagen para resaltar el aprovechamiento exhaustivo e incluso abusivo de algo o de alguien. Así, en cualquier momento podíamos certificar nuestro cansancio al decir que veníamos ´echando el jámago´ „que en el ser vivo sería la bilis o el jugo gástrico„ tras una caminata o una faena dura y fatigosa; y también podíamos ponderar hasta la exageración el hecho de aprovecharse de algo o de alguien, si lo exprimíamos y le sacábamos todo y más de lo que podía dar: se le ´sacaba el jámago´ a un limón muy escurrido, a un bancal cultivado intensivamente para obtener el mejor rendimiento o al viejo indefenso al que los familiares iban despojando de todos sus bienes y dineros.

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