La balanza inmóvil

Diada

11.09.2015 | 02:18
Diada

Por si algún día se sustituye el día 12 de octubre por el de de hoy como fiesta nacional, es mejor saber en qué consiste la Diada. Y no me refiero a la de Zeus y Hera como dos seres con principios estrechamente vinculados entre sí. Un día alguien me preguntó: ¿crees que no tengo principios? Le contesté: sí los tienes, lo que no tienes es final. Pues eso mismo parece que pasa con la Diada catalana, que parece que no tiene final la pretensión de independencia. Lo curioso es que la Diada lo que conmemora no es una victoria sino una derrota. La toma de Barcelona por las tropas borbónicas el 11-9-1714, al mando del duque de Berwick durante la guerra de Sucesión Española. Cómo han pasado los años, y estamos aquí frente a frente, diría Julio Iglesias. Estamos al cabo de los años casi igual, los borbones (no uno sino dos, para que haya más nariz) al mando de España y Mas al mando de las mismas instituciones catalanes abolidas hace más de sesenta lustros.

La verdad es que no entiendo mucho por qué entonces hacen un día grande y una fiesta, la conmemoración de una derrota. Aunque los castellanoleoneses tienen también lo suyo. Celebran el 23 de abril, la batalla de Villamar, que es cuado Bravo, Padilla y Maldonado fueron decapitados. Sin embargo. los hijos de la Gran Bretaña colocan en el centro de su capital al almirante Nelson para recordar una victoria muy dolorosa para los españoles. Eso sí que es molestar a los demás y no celebrar que te han derrotado.

En cualquier caso, los días 11 son gafes, salvo cuando España, con la mayoría de jugadores del Barcelona (curioso), ganó un Mundial de fútbol. Al menos en esa ocasión no fue algo tan tétrico como el doble atentado de las Torres Gemelas neoyorquinas, cuyo desastre aún no he olvidado ni, por supuesto, el tren de Atocha, cuyas muertes pesan en la sinrazón.

Eso sí que son desgracias, y no si se reforma la ley del Tribunal Constitucional. Si mal no recuerdo la Constitución de España y, por ahora, también de Mas define las funciones de los jueces y tribunale como la de juzgar y hacer ejecutar lo juzgado. Por eso otra cosa que no entiendo en este día 11 es que se estén, presuntamente, pasando por el forro de su barretina, en Cataluña, las sentencias del tribunal que se encuentra en el vértice superior de la pirámide de los recursos jurisdiccionales. Esa reforma irá en el sentido de permitir al Tribunal Constitucional suspender o sancionar a los responsables públicos que incumplan sus sentencias.

Vayamos por partes. Si un particular o una institución no cumple con una decisión judicial firme, hay que obligarle a cumplirla a través de los mecanismos de que todo Estado de Derecho dispone. Y después, además, puede incurrir en delitos de desobediencia e incluso de prevaricación si es una autoridad o un funcionario público, que acabaría con sus huesos en la trena, en su caso. Por lo tanto, mecanismos más que suficientes para cumplir una sentencia judicial existen. Lo que no puede ser es que no se cumpla una sentencia ni que el mismo tribunal que la dictó pueda suspender a un cargo público sin ser oído, aunque la cosa esté más clara que el agua.

¿Saben? Creo que es urgente, y a mí me gustaría más, que reformaran la forma de elegir a sus miembros, los del Constitucional.

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