Amor a presión

Meterse en harina

08.09.2015 | 04:00
Meterse en harina

Ni a los implicados ni a sus fieles les gusta mucho hablar de ello, pero creo que es obvio que uno de los acontecimientos más importantes de la revuelta historia reciente de la izquierda española se produjo en el otoño de 2013. Me refiero a las conversaciones entre un joven profesor universitario con amplio eco mediático e icónica coleta y el líder del partido de izquierda que aspiraba (y sus perspectivas eran buenas) a canalizar el descontento contra las políticas de austeridad. Iglesias quería encabezar, con su equipo, la candidatura de IU a las elecciones europeas. Cayo, que ya tenía un nombre para el puesto (Meyer, de infausto recuerdo), dijo nones.

Del fracaso de esta negociación siguió lo que todos conocemos: la fundación, en enero de 2014, de Podemos, sobre la base de Izquierda Anticapitalista, su posterior y fulgurante éxito en las europeas, su explosivo crecimiento y, en paralelo, el tsunami que ha puesto patas arriba a IU. Sin embargo, a mí me gusta retrotraerme a 2013, al encuentro entre los dos líderes. Cuesta trabajo dar con dos marxistas más diferentes que ellos. Tal vez necesitaron traductor para entenderse. Durante esos contactos cada uno fue ya desarrollando un relato para explicar la desunión. El de Iglesias es de carácter edípico-adánico: habla de la necesidad de ´matar al padre´ y ´hacer tabula rasa´. El de Lara y los suyos pone por delante un repliegue hegeliano que los presenta como garantes de la izquierda frente a diletantes y postmodernos. Mucha gente muy lista se ha dedicado desde entonces a ampliar este debate, con bien de namedropping y notas al pie, pero en el fondo es el mismo que se da en cualquier casa cuando un primogénito quiere ponerse a los mandos de la tienda familiar.

El problema de enrocarse no es solo que la panadería pueda dar en quiebra, ante la reforma de los escaparates de los establecimientos de siempre o la apertura en la misma calle de una franquicia llamada C´s. Tal vez la peor consecuencia de esta autocaricaturización sea la ceguera ante fenómenos evidentes: que la estructura clásica de partidos verticales ya no es rentable, tras los avances en panificadoras rebeldes del 15M y los Ayuntamientos del cambio, y que, para ganar en diciembre, en el obrador tiene que estar la familia completa: los padres gruñones, los hijos irradiadores, los primos ecologistas y federalistas y, si me apuras, hasta los cuñaos. Ahora en Común, se llama la idea. Habrá que meterse, pues.

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