Con otra cara

Qué vergüenza

04.09.2015 | 04:00
Isabel Vicente

Pones la tele y ahí está en todos los canales; vas al quiosco y la imagen en los periódicos te pega un puñetazo en la barriga; abres el facebook y la encuetras una y otra vez, compartida por tus amigos indignados, conmovidos. Solo, tirado en la playa como un despojo, o en los brazos de un policía turco, el cuerpo de Aylan Kurdi, de tres años, casi un bebé, con su camiseta roja y sus pantalones azules, es el símbolo de la vergüenza de esta Europa civilizada que a lo largo de su historia ha sufrido cientos de guerras, por cuyos caminos han transitado millones de refugiados y que se muestra ahora incapaz de dar un trozo de pan, un techo en una tienda de campaña y un abrazo a los refugiados sirios que huyen de la guerra igual que nuestros abuelos huyeron con lo puesto del fascismo.

Aylan, muerto en una playa turca junto a su hermano de cinco años y a su madre cuando intentaban llegar en una lancha a Grecia, es el símbolo de nuestro fracaso como sociedad y como humanidad, un símbolo ante el que resulta especialmente obsceno el reparto de refugiados que se ha establecido entre los países europeos: «Yo cojo 2.000, tú 2.500...». «Yo, 200 menos...». Y entre tanto, miles de familias como la de este crío jugándose la vida en una huida suicida hacia Europa en lanchas o en barcos abarrotados para encontrarse luego con vallas y desprecio. La Unión Europea no puede seguir retrasando una solución que debe articularse en dos vertientes: una a medio y largo plazo para ver cómo narices contribuye el viejo continente a la pacificación del polvorín que es Oriente Medio, y otra urgente e inmediata para ayudar a escapar a los refugiados sirios y para acogerlos con dignidad. Aylan no es sólo es una de las miles de víctimas de la guerra en su país, sino una víctima de la indignidad y la inoperancia de esa Europa a la que pretenden llegar.

Si somos incapaces de ayudar a esta gente aunque sólo sea por no tener que enfrentarnos otra vez a la imagen de un crío muerto en una playa, en un camión o en una cuneta, no sé qué demonios significa Europa.

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