Verderís

Mala leche

04.09.2015 | 04:00
Herminio Picazo

De entre las muchas potentes impresiones personales en este intenso verano, una me ha puesto, con perdón, de especial mala leche. Se trata de que, consultando los precios de la leche infantil de seguimiento en Murcia, España, y en Addis Abeba, Etiopía, he podido comprobar que la leche de biberón en África es dos veces más cara que en nuestras latitudes desarrolladas.

El estudio, por llamarlo de alguna manera, lo he hecho de forma más o menos objetiva utilizando una misma marca multinacional con sede en Suiza a la que se le debería caer la cara de vergüenza. Pero lo mismo puede decirse para otras marcas. Resumo. Un bote de leche de 450 gramos de esta marca cuesta en Addis Abeba 220 ethiopean birr, que al cambio resultan aproximadamente diez euros. El bote de la misma marca en tamaño doble de ochocientos gramos en un supermercado murciano me costó ayer mismo 8,5 euros. Lleguen ustedes mismos a la conclusión aproximada de que los ochocientos gramos en Addis cuestan veinte euros en tanto aquí pagamos por lo mismo menos de la mitad.

A los efectos de la conclusión a la que quiero llegar ya les supongo a ustedes suficientemente inteligentes como para que apenas haga falta que les informe de que en Etiopía el sueldo más habitual es el de mil birr, o sea cincuenta euros, y de ahí para abajo. Siguiendo con este tipo de matemática simplona e indignada, y considerando que un cacito de leche de bibe son aproximadamente 4,5 gramos, y que multiplicando cacitos por tomas recomendadas para nuestros bebés salen aproximadamente 180 gramos por bebé y día, la conclusión inmediata es que un sueldo tipo etíope, gastado absolutamente todo en comida para un bebé, daría exclusivamente para alimentarlo correctamente unos diez días.

Los otros veinte del mes, ajo y agua. Las restantes necesidades básicas de la familia, cero pelotero.

Ya sé que las cuentas anteriores son sencillamente idiotas porque jamás, nunca, bajo ningún concepto, a un sueldo medio etíope se le ocurrirá incurrir en un gasto como éste. Pero está bien pensar en estos demagógicos términos para que ustedes mismos lleguen a las conclusiones que les parezcan oportunas en relación a cosas como la moralidad de las políticas de precios de las multinacionales de la alimentación, las posibilidades reales de la nutrición infantil en África, las diferencias norte-sur, las desigualdades entre clases en el mismo país (una minoría etíope sí alimentará sin problemas a sus bebés con leche de biberón), o las posibilidades de desarrollo saludable en un continente en el que las opciones son tan sencillas como teta, malnutrición o muerte.

El juego de palabras es sencillo, sí señor: Se te pone mala leche con estas cosas de la leche. Y lo peor es que en tanto el mundo sea como es y la economía global funcione como funciona, África seguirá siendo ese inmenso espacio plagado de rincones infrahumanos en el que estas cosas no parecen tener solución.

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