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Tribuna Libre

La elección del director artístico de los teatros de Murcia

03.09.2015 | 01:25
La elección del director artístico de los teatros de Murcia

Durante los últimos 20 años, en los que el Partido Popular ha gobernado con mayoría absoluta en el municipio de Murcia, la política cultural no ha sido precisamente algo de lo que pueda presumir. Y dentro de ella, la gestión teatral desarrollada durante un periodo tan dilatado de tiempo ha puesto de manifiesto el escaso interés y la trasnochada visión que la derecha tiene de las artes escénicas. Sirva como muestra recordar el largo calvario de casi 5 años sin teatro (2007-2012) que los aficionados hubimos de soportar mientras se llevaron a cabo las últimas obras de rehabilitación del Teatro Romea, previstas en principio, según se dijo entonces, para tan solo cuatro meses.

Por eso, no es de extrañar que el nuevo equipo gobernante -también del PP, pero ahora sin mayoría absoluta- quiera enmendar la plana a los gobiernos anteriores de su propio partido y se proponga convocar un concurso público internacional para contratar a un director artístico que esté al frente, además del Romea, del resto de teatros y auditorios con que cuenta el municipio.

Siendo buena la iniciativa, sólo será beneficiosa para la ciudad y para el teatro si las bases de la convocatoria son acordadas por todos los grupos políticos que componen el Pleno –no sólo por la Junta de Gobierno, como ha dicho el concejal Pacheco, de la que únicamente forma parte el PP– y si se elige un tribunal verdaderamente independiente, cuyos miembros tengan un acreditado e indiscutible prestigio internacional en la materia. Por el contrario, si lo que se pretende es contar con un tribunal dócil que colabore en disfrazar el procedimiento para que parezca objetivo, con la indisimulada intención de que a la postre sea realmente ´la vara del alcalde´ la que nombre a alguien de confianza para recompensarle por los servicios prestados a la causa, entonces privaremos al público de Murcia de tener unos teatros que sean merecedores de tal nombre. Por tanto, la idoneidad e independencia del jurado y la objetividad de los requisitos y del proceso de elección son esenciales para enmendar el rumbo errático seguido durante las dos últimas décadas.

Un teatro es valorado principalmente por la coherencia y el criterio con que se programan los espectáculos que en él se exhiben, así como por el nivel de las compañías, directores y actores que intervienen, la calidad y volumen de su masa estable de aficionados, etc. Todo ello es responsabilidad exclusiva del director artístico, pero también lo es ofrecer una programación atractiva que despierte el interés del público, que es, en definitiva, quien compra las entradas y garantiza que los teatros sigan funcionando. El acierto en la elección del director no es, por tanto, un asunto menor, ni debe despacharse nombrando a un amigo, si de verdad se tiene el firme propósito de alcanzar una cierta reputación –que falta nos hace– dentro y fuera de nuestros límites territoriales, y de equilibrar y rentabilizar a la vez, cultural y socialmente, los recursos públicos que a ello se destinan.

En síntesis, y dependiendo de los objetivos que se persigan, son tres las fórmulas que pueden utilizarse para elegir un director artístico: el concurso por invitación, la elección directa y el concurso público internacional, que es la que finalmente parece que va a imponerse en el caso de los teatros y auditorios de Murcia, y con la que estamos básicamente de acuerdo, teniendo en cuenta, eso sí, las precauciones apuntadas.
Descartadas las dos primeras, es preciso fijar en la convocatoria una lista exhaustiva de requisitos que respondan realmente al perfil que se busca y no sean un mero traje a medida de ningún candidato en particular. La experiencia y perfil internacional deben estar, por tanto, fuera de toda duda, y adecuarse al modelo de gestión artística que se quiera establecer, así como a los parámetros de sostenibilidad económica de la misma y de los distintos teatros y auditorios que forman parte de la red municipal, a cada uno de los cuales es imprescindible dotar de una identidad propia y definida. Debe quedar, pues, suficientemente claro en las bases de la convocatoria que, además de prestigio, experiencia y conocimientos, la visión económica de la gestión y de la programación tendrán un peso decisivo en la elección del director.
En un campo tan maltratado como el de las artes escénicas, tenemos ante nosotros una magnífica oportunidad que no deberíamos desaprovechar.

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