Punto de vista

Juventud, divino tesoro

24.08.2015 | 04:00
Ángel Lozano Heras

Eso es lo que ha pensado Mariano Rajoy al encargar a su jefe de Gabinete, Jorge Moragas, toda la maquinaria electoral para las generales de diciembre. Moragas es un joven –maduro diplomático pepero– fuera ya de los carcamales de siempre, Aguirre, Arriola, Pujalte, Arenas... Y el nuevo estratega se ha propuesto rejuvenecer la cúpula del partido aconsejando a Rajoy nombrar vicesecretarios y voceros del PP a Maíllo, Maroto, Casado y Levy. Aunque solo sea maquillaje, pura estética, al menos algún cambio ha conseguido. Eso sí, regeneración del PP, no. Porque las viejas ideas son las mismas y los errores, también los de siempre. Mostrar un aspecto más familiar, más cercano a los ciudadanos, es lo que le ha recomendado Moragas a Mariano. El problema es que de donde no hay, poco se puede sacar (o, no le pidas peras al olmo, y también «Quod natura non dat, Salmantica non præstat»). Y los cuatro portavoces se desgañitan constantemente acicalando meteduras de pata del presidente y de sus ministros (entiéndase, últimamente, Fernández Díaz con lo de la visita del amigo Rato). Pero al final se les ve el plumero pepero, de siempre, por todos los lados.

Moragas y sus jóvenes voceros –muy críticos con el anterior asesor electoral, el gurú Arriola– planifican una estrategia distinta: un Mariano más humano y una mayor presencia pepera en los medios de comunicación. Sin embargo, a veces, con esta táctica les sale el tiro por la culata. Y es que algunos tertulianos peperos es mejor que no abriesen la boca ni escribiesen una línea, por lo poco que aportan o por los errores ideológicos que espantan a sus posibles votantes dubitativos.

Uno de esos jóvenes –bueno, este ya no tanto– es el actual director general del INJUVE (Instituto de la Juventud de España), Rubén Urosa. Hace unos días, este Urosa –apodado, el ´Torquemada´ de Ana Mato– planea una rueda de prensa y no nos cuenta más sandeces y datos falseados porque duró poco tiempo la comparecencia. En esa reunión con los periodistas negó tajantemente que el empleo juvenil sea precario y mal pagado; afirmo que los jóvenes tienen criterio y que aquellos que han decidido a través de la tarifa plana, u otra, hacerse autónomos es porque realmente querían hacerse autónomos, «nadie les obliga». Acabó su surrealista charlatanería diciendo que los ninis (jóvenes que no estudian ni trabajan) no llegan al 3%, pues hay muchos que no quieren ni trabajar ni estudiar (según la OCDE, son más del 26%). Otra de su ´perlas´ dicharacheras fue hace dos años en unas declaraciones en referencia a los universitarios: «Me pone los pelos de punta que se hable de fuga de cerebros cuando lo que hay es movilidad».

A este señor, como hemos dicho, ya no tan joven, se le ha parado el reloj y no sabe de qué van los jóvenes, y menos los talentosos, los que se ven obligados a emigrar o los que quieren currar en algo interesante para lo que han estudiado, y no pueden. Todo, gracias a su pésima dirección de la Juventud y a la del Partido Popular, que le mantiene y le da de mamar. Suspenso mayúsculo para este curioso Urosa que ya dio pie en el pasado a escándalos por prebendas y nepotismo. Favorito de Gallardón, de Ana Mato y de varios altos políticos de la gaviota azul, se coló en la universidad por la cara con el carnet del partido popular. Y, luego, por enchufe –o amiguismo– del entonces consejero de Educación, Gustavo Villapalos, y de sus dos hermanos, altos funcionarios universitarios, fue nombrado director general de Juventud de la Comunidad de Madrid, y otros cargos, durante la etapa de Alberto Ruiz-Gallardón. Así, hasta hoy día, pasando antes por ser, como decimos, el ´Torquemada´ de Ana Mato, un controlador de jóvenes díscolos y funcionarios críticos del INJUVE.

Pero el problema más complicado del nuevo estratega electoral de la gaviota azul, Jorge Moragas, es hacernos creer lo que nos dice Rajoy de cara a las elecciones generales. El presidente Mariano no hace más que cacarear: soy el mejor porque os he sacado de la recesión; hay recuperación, hay crecimiento, hay empleo. Y ufano, Rajoy continua su latoso pregón: soy un campeón; pero sin mí, esto sería el caos y la ruina económica de España. Y claro, los españoles no somos tontos y ya no nos creemos las milongas del presidente pepero. Seguimos teniendo un desempleo en exceso, unos sueldos muy precarios y la recuperación no es apreciada por casi ningún bolsillo de las capas sociales medias y bajas.

Quizás, el otro gran problema de Moragas, y de los jóvenes voceros, y el del propio Mariano, es que el actual presidente cumplió ya los 60 años y lleva 32 en la política. Es mucha rémora. Hay que modernizarse, Mariano, hay que remozar la cúpula del partido.

Creo que el último envite de Rajoy es ganar estas próximas elecciones y seguir de presidente del Gobierno de España una legislatura más, con pactos o sin ellos. Pero si no sale, ya sabemos que el gallego se va a su tierra a meditar, o a buscar suculentas puertas giratorias, o a registrar propiedades ajenas, que es lo suyo.

Pues hágase así; ya lo veremos en diciembre. Y será noticia: Rajoy, o amigablemente Mariano, nos abandona por la puerta de atrás.

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