Al azar

Fernández díaz, a las órdenes de rato

18.08.2015 | 04:00
Fernández díaz, a las órdenes de rato

El titular ´El responsable de Interior recibe a Rato en el ministerio´ hubiera sido inaceptable por anodino hace solo cuatro años. Hoy resulta escandaloso por el aroma de corrupción que despide el encuentro. Jorge Fernández Díaz admite implícitamente esta degradación de la vida política durante la legislatura del PP, al referirse en el Congreso con nerviosismo y agitación a «este suceso», un término que bordea lo delictivo en sus acepciones. En un alarde de sumisión al vicepresidente de Aznar, el ministro de las policías no acudió tanto al Parlamento a justificarse como a postrarse de nuevo ante Rato y demás presuntos corruptos de su partido. Solo se arrepiente de no haber recibido en más ocasiones al banquero de las black cards. Así, le pide públicamente perdón porque «el jueves yo no pude recibirle», lo hizo «el primer día que mi agenda lo permitió». A sus órdenes. Fernández Díaz quiso convertir su comparecencia para explicar el acto más repulsivo de su mandato en un aquelarre de homenaje a Rato. Si el ministro del Interior ha de consagrar una hora de dedicación exclusiva a cada presunto corrupto de su partido, no le quedará tiempo para aplicar la Ley Mordaza. Las «amenazas» que acechaban a la «seguridad personal de mi interlocutor» no impidieron por fortuna el plácido veraneo en yate del artista de Bankia. Sostiene el ministro que su compadreo con el colega que más ha trabajado para hundir la democracia española es «ajeno a la circunstancia procesal que atraviesa el señor Rato». Al margen de que Rato ha desmentido a Fernández Díaz al declarar que se habló de todo, difícilmente puede haber en un ministerio del Interior circunstancias ajenas a las gravísimas acusaciones de corrupción. La infamia que pende sobre el vicepresidente de Aznar salpica en su vertiente política a los ministros genuflexos ante el gerente del FMI. Rato y Fernández Díaz no están preocupados por los 25 mil millones que los contribuyentes han tenido que desembolsar a Bankia, sino por unos tuits insolentes que no superan ni en número ni en agresividad a los insultos que deben soportar las personas decentes. Dado que el vicepresidente de Aznar «se encuentra especialmente vulnerable», necesita ser arrullado por la cúpula de un Estado al que ha defraudado incluso fiscalmente. Al presentar a su amigo como una víctima, ahora con publicidad, el incomprensible ministro del Interior ensalzó sin tasa los honores que ha disfrutado el vicepresidente de Aznar. Curiosamente, no destacó en ninguna oportunidad la gravedad de las acusaciones que pesan sobre su defendido. Lo paseó por el ministerio para que sus subordinados adquirieran conciencia del predicamento del acusado y actuaran en consecuencia. Quienes «ponen en duda la honorabilidad de las fuerzas del Estado» no son los escépticos. El ministro mancha ese prestigio de los cuerpos policiales al transformar el ministerio en un zoco para sus cambalaches. Oficiales o privados, porque acabó liándose con los conceptos y con los hechos. Fernández Díaz se ha contagiado de los tics de su enemigo Jordi Pujol. También comparte con el ex Molt Honorable el refugio en el carácter «personal» de su escandaloso comportamiento. No informó a Rajoy de su larguísima entrevista en el ministerio con Rato, así de fluida es la comunicación en el Gobierno si se acepta la versión de parte. Resulta curioso que un simple ministro tenga que «explicar el funcionamiento del sistema» de escoltas a todo un exvicepresidente del Gobierno y casi candidato a La Moncloa. El titular de Interior se vanagloria hasta tal punto de su intimidad con el presunto corrupto que ni se le ocurre plantearle que, si sufre amenazas, puede hacer cola en la comisaría más próxima, al igual que las mujeres maltratadas que el ministro no consigue proteger. El último párrafo pretende desmontar la enésima obviedad de Fernández Díaz, a quien solo le faltó hacerse un selfie con su ídolo durante la entrevista. Por supuesto que «ha interferido en las investigaciones», por el solo hecho de acceder a la reunión. La «relación de causa a efecto» no surge de las insidias de la oposición, ni de la mente calenturienta de los periodistas que desvelaron la cumbre en el ministerio. El juez y demás funcionarios del caso tienen todo el derecho a sentirse inquietos, por mucho que el encuentro no se celebrara el mismo día de la declaración en la Audiencia Nacional para adaptar el ministerio al ritmo de las vacaciones de Rato. Ante el Congreso, a Fernández Díaz solo le faltó concretar la fecha de la próxima cumbre, que seguramente depende de la agenda de su «interlocutor».

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