Ritos de paso

1915

09.08.2015 | 04:00
José María Noguerol

Hace un siglo, ¿cuántas cosas pasaron? Era el segundo año de la Gran Guerra. Europa se descubría como arma de destrucción total y los imperiales Estados Unidos de América del Norte acudían en ayuda de la democracia. No creo que ningún europeo de entonces tuviera conciencia de tal ni que con la ayuda de los gringos se salvaba la democracia. La I Guerra Mundial fue una disputa entre primos mal avenidos, una de las peores disputas que puede imaginarse entre parientes, y así les fue. Les fue porque esta cosa, país, nación o lo que se quiera, como siempre sobrepasado por la historia propia y por la Historia universal, se dedicó a hacer más ricas a sus clases dominantes y más pobres a sus clases dominadas. Merced a lo cual, nació el anarquismo potente (CNT) y algunas personitas más. Por ejemplo, en una aldea orensana, un niño que repercutiría en apicultor, soldado y espía, nacía en una tarde veraniega del 7 de agosto de 1915: mi padre. Como no estaba claro que fuera de muy buena pasta, aquel pequeñajo de muchos hermanos fue bañado en el río Arenteiro nada más nacer, si sobrevivía, es que era bueno, si no, a rezar. Sobrevivió, y tanto. Sobrevivió a nuestra guerra incivil, «¿en qué bando te habrías apuntado si te hubieran intentado quemar vivo a los quince años?» me respondió la única vez en la que le pregunté por qué había sido oficial franquista. Sobrevivió a la dictadura que defendió y sobrevivió a la democracia que nunca le gustó pero que entendió. Se fue pronto, como siempre se van los que uno no quieren que se vayan. Aun así, me enseñó algunas cosas, pequeñas herramientas para caminar por la vida sin decirme que eran tales, pues basaba su transmisión de conocimiento en la intuición del que le escuchaba no en la sentencia de la imposición. A pesar de sus distancias, me habló de Sánchez-Albornoz, le gustaba más que Américo Castro, y como homenaje a mi padre, que hoy debería haber cumplido cien años, lo cito: «Y la expansión carolingia en tierras catalanas (€) mezcló en una comunidad histórica nueva (€) con la población mozárabe del país –mozárabe porque los antiguos moradores de la Cataluña vieja vivieron un siglo bajo el señorío musulmán– a los godos e hispano-romanos refugiados en las Galias huyendo de los invasores islamitas, y a los viejos moradores de la Septimania gótica que gustaron de emigrar hacia el Sur. Sólo algunos de los jefes fueron francos».

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